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domingo, 29 de noviembre de 2015

Me provocas tanto mareo como indigestión. Así como una indigestión desentimientos.

     El destino vuelve a truncar nuestras metas.



Trataba de escribirte algo realmente bonito. En cierta forma, no sé decir lo bonito que era, pero me había salido de tan dentro y había conseguido liberarme tanto...que supuse que tendría que serlo.Sin embargo, se borró. Tan fácil y tan fugaz como todo lo que tiene que ver con nosotros.
Tendré que planearlo de nuevo. Planearlo, plantearlo y REplantearmelo.




























Jamás me gustaron los comienzos, porque formarán parte de nosotros para siempre... Hasta
ahogarnos.
Creo recordar que hace casi cuatro años que nos provocamos esta impotencia, de evitar lo evitable y lo inevitable. Trato de recordar una y otra vez nuestras primeras veces, las primeras que nos vimos, ¿las recuerdas?...yo no paro de intentarlo. Ni siquiera tengo un recuerdo vago de ti, ni siquiera me esfuerzo por aclarar todo eso borroso que pasa por mi mente, todo eso que no me produce ni dolor, que no me produce absolutamente nada. Creo que no quiero recordar y nunca he querido, pero me produce nostalgia no ser capaz de tener recuerdos contigo. Nuestros recuerdos se basan en tragar saliva.

Al fin y al cabo llevo todo este tiempo tratando de crearlos, o eso quiero creer con todas mis fuerzas. Me he parado infinidad de veces a tratar de ver nuestra parte buena, aunque solo se trate de intentarlo. ¿Existe la parte buena entre tú y yo?, intenta tú mismo separar todo aquello que demuestra debilidad, todo aquello que no deja que avancemos, todo lo malo que tenemos...Solo salen borrones, y yo acabo quedándome completamente en blanco, porque nunca he querido acabar de ordenarlo, acabar de pensar todo aquello que viene contigo y poder quedarme tranquila dentro de la intranquilidad que me produces. Entre nosotros siempre fue más fácil hacer borrones y dejar sobresalir algo de lo bueno, tan abstracto que ni siquiera se queda ahí. Fíjate, ni lo bueno quiere quedarse si es contigo. 

Es decir, nunca te recuerdo más allá de un año atrás, soy completamente inútil. Creo que no paro de borrar todo aquello que me provocas, independientemente de lo intenso que sea o las ganas que le pongas. Todo lo que me haces sentir me crea duda, aunque te esfuerces, aunque te creas vencedor e incapaz de dar más de ti porque lo has conquistado todo. Sigues sin conquistar nada, por todo lo ambiguo que te envuelve.
No tienes ni la mitad de valor que nos hace falta, que me hace falta para creerte, para poder dar un paso en falso sobre seguro, porque contigo todavía no consigo diferenciar bueno de malo.

Por eso no te pienso casi nunca, porque me sienta mal. Tan mal como subirme a una atracción después de comer hasta reventar... ¿Y sabes?, mariposas o nervios es capaz de soportarlos cualquiera, pero sobrellevar el vómito es realmente difícil. 
Cada vez que trato de pensar, rehacer o recordar algo de ti, me provoca mareoTanto mareo que confunde, confunde por dentro. Me provocas tanto mareo como indigestión, a sí como una indigestión de sentimientos. Me evocas esa sensación de que jamás podré llegar a entender nada, no podré llegar a decirlo todo, a soltarlo justo de la forma adecuada para poder hacerte participe de la mínima parte. Incapacidad

Siempre pensé que algún día terminaríamos de girar, acabaríamos de dar todas esas vueltas sobre nosotros mismos, conseguiríamos que pasase el tiempo suficiente e irremediablemente maduraríamos. Acabaríamos poniéndonos el uno frente al otro buscando la tranquilidad en mirarnos. 
Pero nunca pensé, que a pesar de todo seguiríamos siendo igual de cobardes. Tenía la esperanza de que al menos uno de los dos demostrara al otro que no merece la pena luchar por algo tan atemorizado, y ni siquiera hemos conseguido eso, ni siquiera hemos conseguido romper algo de nuestro silencio.
Muy dentro de mí, quiero creer que ya hemos parado de dar vueltas y hemos escogido quedarnos el uno frente al otro, tal y como lo había planeado. Pero los dos pensamos que no paramos de dar pasos en falso, y eso sí estaba completamente fuera de mis planes. Ser completamente estúpidos por creer. 


Creo que nos estamos matando y todo esto me crea migraña.

Siempre aparece algo que hace que nos replanteemos la estupidez de romper esta mierda que nos hemos creado y que hace que nos sigamos autoengañando, porque es demasiado tarde, porque el tiempo no es inagotable. Pero...¿Realmente hay tiempo que decida lo tarde entre nosotros?.
No entiendo esa vara de medir a la que tanto nos aferramos, todos nuestros silencios, impotencia, cobardía, nostalgia o angustia, son inagotables...Pero en cambio ¿el tiempo si lo es?.  Puede pasar el tiempo pero seguimos empeñándonos en valorar lo mismo, lo que nos interesa, lo que menos daño puede hacernos. ¿Es sincero pasarse la vida siendo un par de cobardes que tratan de hacer otro borrón de todo lo anterior y se refieren a todo esto como "una brisa veraniega"?.
Sólo somos los mayores hipócritas que hemos conocido, y nuestro cinismo no para de cegarnos, pero ¿sabes?, a veces me evado cuando te miro, parando el tiempo, jugando con mi valor creyendo que es real. ¿Por qué medimos solo lo que nos interesa?.



  

viernes, 21 de octubre de 2011

La debilidad es sólo sed de venganza atrofiada. Sufrir es legítimo, y sentir esto también. - AP2




No me duele, no.


Me mata de celos y desesperación, me consume por dentro y me engorda. Alimenta mi ira inversamente proporcional a mi paciencia, revienta los límites de mi tensión arterial, se me cargan esos puntos delicados de la columna vertebral, se contraen mis músculos como piedras, y no puedo evitar odiarte cada día un poco más.

Vago neurótica por esta primavera, controlándome a mi misma para no recordar ni ser consciente de la realidad. Aguantarme, morderme la lengua y respirar hondo, cerrar los ojos tan fuerte como mis garras y tratar de no derramar ni una lágrima de nuevo por ti, o por la rabia que me deja totalmente anulada. Guardando todas estas fuerzas que me creas y escondiendo lo que quiere salir, como un volcán en su punto exacto. Consolándome (engañándome) y tratando de evitar una guerra nuclear, preparándome mentalmente para atacar en cuanto sea posible, porque la esperanza es lo único que calma a las fieras. El momento en el que cualquiera baje la guardia y me haga irremediablemente vencedora, consiguiendo la valentía suficiente para seguir soportando todo este dolor que llevo dentro y que mi orgullo no deja caer. Acumulando odio, rabia y frustración diariamente.





Mientras tanto, avísale.
Adviértele de todo lo que sabes sobre mí, al fin y al cabo para tu desgracia, me conoces demasiado bien, y no sólo a mí, si no  todo lo que viene conmigo, (y todo lo que has causado en mí). Dile que tenga cuidado, que soy completamente impredecible, que te recuerdo a un Miura en mi más absoluto grado de cólera. Dile que te guarde bien y te haga caso, que no te descuide y te deje solo, porque cualquier cosa me serviría como excusa, de una botella de agua puedo hacer un puto río si me beneficia.

Pero cuídala tú también a ella, estás demasiado atontado y no te das cuenta de zorras como yo que la rondan, porque no soy la única a la que provoca. Adviértele de que ya no soy un encanto, muy a mi pesar. Ni siquiera soy lo suficientemente previsible como para que pueda estar mínimamente preparada, estoy jodidamente loca, recuerda que eso era lo que más te gustaba de mí.

La debilidad es sólo sed de venganza atrofiada. Sufrir es legítimo, y sentir esto también. 
Probablemente me arrepienta toda la vida de cada palabra que escupo, como de casi todo lo que hago, porque el alcohol y mi impulsividad nunca fueron buenos compañeros, porque nunca sé si es mejor pecar de gilipollas o de amargada.

Me provoca hasta el límite, y sabes que soy puro nervio. Me provoca hasta que pueda reventar y demostrarte que todas tus razones no eran infundadas, que tu opción siempre fue la correcta, que no hay nada que me salve y que ya no merece la pena dar nada por mí. ¿Por qué la dejas que trate de llevarme al límite una y otra vez?, ¿por qué le consientes todas esas chiquilladas que sabes que me provocan?, ¿por qué ya no me piensas ni lo poco que me hace falta para recobrar un poco de cordura?...
En el fondo creo que sí, que tienes razón y  ya no merece la pena. Me he pasado tanto, que en tu lugar nadie cuerdo daría un mísero duro por mí, pero eso es de cobardes, justo de lo que nunca presumiste ser. Tu cobardía me demuestra que tú tampoco mereces la pena ya, y eso, es justo lo que ella nunca entenderá. Que  agua pasada no mueve molinos.

Sé que bajo esa sonrisa de corderillo se esconde otra puta loca como yo, porque no somos tan diferentes, y ciertamente esa es la idea que más me repugna. No pretendo demostrarlo ni ahora ni nunca, ni siquiera se merece un mínimo halago como el de parecerse en algo a mí, quizá mi victoria se base en eso, en que te des cuenta de que has cambiado el hambre por las ganas de comer. 

Me engaño mucho, ya lo sabes, pero no la engañes tú a ella. Sabes que me gusta jugar a ganar y que quizá pierda, de nuevo, pero me encanta luchar entre fieras y sé, sin lugar a duda, que puedo rugir como ninguna. 

Cuida un poquito más a este dolorido corazón que sólo te pide comprensión, y pídele que reprima su rechazo si no quiere acabar con su ego bajo la suela de mi zapato.

Ya sabes, que cuando hay que jugar, 
si no gano, empato.

domingo, 17 de abril de 2011

Me demostrabas que era sencillo contrarrestar lo malo de la vida con todo lo bueno que teníamos juntos - SSNA4







Te inventaré, Te inventaré cada mañana.


























Te echo en falta por las mañanas al despertarme, y por las noches al quedarme dormida.
Te echo en falta a tí por completo, y me siento tan estúpida...

Echo de menos aquellas miradas que desencadenaban risas, cuando me mordía el labio y te miraba de reojo. Cuando subía por tu cuello arrastrando lentamente mi nariz hasta tu oreja y te susurraba la falta que me hacías.

Echo de menos todos aquellos besos lentos, que no acababan nunca y me producían tantos escalofríos. Todas esas veces que ansié detener el tiempo y que se parara para siempre, haciéndonos lentos para no acabar nunca, que fuéramos eternos.
Al final, me daba igual que yo siempre quisiera agotar los minutos, y tu acabases comiéndome sin poder resistirte a aquella lentitud. Me encantaba la forma que tenías de afanarme, me hacías creer que no querías malgastar el tiempo conmigo.

También echo de menos que nadie me ponga el pelo detrás de la oreja cuando me tapa la cara, y me resigno dejándolo ahí. Parecía que realmente me cuidabas, que realmente tenías cuenta de mí, que me demostrabas tanto, con tan poco....
Me encantaba ver como venías sin hacer ruido, por detrás, como si estuvieras al acecho, y como me traías tímidamente de la cintura hacia tí, me acercabas con tanta dulcura que no podía evitar volver a morderme el labio. No podía evitar cerrar los ojos y sentirme protegida, sentir que siempre que quisiera tú estarías ahí.

¿Te acuerdas de esos juegos que nos traíamos?, me encantaba ese ansia que tenía por volver a verte tres minutos más, porque nunca el tiempo fuese suficiente, nunca estuviese completamente llena de tí. Llegar pronto a cualquier lado para estar más contigo, las largas despedidas que tanto nos costaba cortar. Nuestros "ahora volvemos" aunque ambos sabíamos que nunca eran ciertos, cuando te ponías celoso por cualquiera y discutíamos muchísimo, pero siempre nos reconciliábamos y parecía que no me importaban todos esos celos, si podríamos seguir reconciliándonos así toda la vida.
Todas aquellas veces en las que no conocías a nadie de alrededor, y yo te contaba cada uno de sus movimientos, cada una de sus historias, y tú solo te reías de mí por saberlo absolutamente todo, pero no querías que dejase de contarte, no querías dejar de escucharme.

Me encantaba esa forma tuya de ocultar el dolor y los problemas, todo lo oscuro de la vida, pero sin sustituirlo, simplemente escondiéndolo. Me demostrabas que había muchas más razones por las que ser feliz, que era sencillo contrarrestar lo malo de la vida con todo lo bueno que teníamos.

Me hubiera pasado la vida escuchando como me contabas tus cosas, tan emocionado, mientras yo me reía. Todos los estúpidos mensajes en los que te creías el novio más romántico e incomprendido, y en vez de morirme de amor, sólo me moría de risa...Me encantaba que tratases de hacer que me sintiera tan bien.

Todos esos paseos en los que hacía cosas extrañas y no me juzgabas, sólo te quedabas como un tonto mirándome y me decías que te encantaba verme haciéndolo. Me encantaba vernos tumbados sobre la cama mientras que el sol entraba por la ventana y sólo nos sonreíamos el uno al otro como si fuese una imagen fija, como si no necesitásemos.
Ahora, no puedo echar más de menos todos esos momentos felices que nunca vovlerán a serlo.

Odiaba tu extraña forma de besarme justo cuando más me hacía falta, como si pudieses saberlo, decirme justo lo que necesitaba y hacer que pudiese estar más estable que nunca.

Odio haber echado todo a perder.

viernes, 14 de enero de 2011

Cualquier Instinto, pero instinto



Momento 7

Aquella mañana un soplo de aire fresco entró por la ventana, hacía frío, mis pies aparentaban estar congelados, mi sangre parecía quieta, inmóvil, fría, gélida e incluso tajante. Los dedos más pequeños de mis pies estaban quietos e inmóviles, no podían moverse y mis brazos trataban de arropar mi cuerpo en un vano intento de conseguirlo. Mis párpados estaban adheridos, y mis labios de un tono rosado. El despertador irrumpió el sonido de la brisa mañanera, descongelando todo aquel ambiente de paz, rompiendo con su chirriante sonido las placas de hielo formadas en mis sueños. Me costaba moverme, tenía frío, sueño y estaba cansada, me dolían las piernas, los brazos, la espalda, el cuello y toda aquella extremidad que pudiera contarse, la soledad que sentía era inmensa, había restos en la habitación de unas cuantas lágrimas y el mismo desastre que habitualmente rondaba mi habitación escondiendose por algún armario de vez en cuando. Estabas tumbado todavía en la habitación de al lado, enrredado entre sábanas blancas y grises, entrelazado formando parte de ellas, con tu espalda desnuda visible y tu pelo alborotado sobre la almohada. Me acerqué lentamente, con la mirada dormida, todavía, poco a poco me acerqué a la cama hasta sentarme. LLevaba una camiseta muy grande, que traía "Maybe forever, now or never" y te besé suave y dulcemente la espalda, posando mi nariz helada sobre ella, ese beso duró más que la noche completa. Te diste la vuelta con movimientos suaves y pausados y abriste muy lentamente tus maravillosos ojos verdes. Esbozaste lentamente una dulce sonrisa, eras perfecto. Quedé posada sobre tu torso desnudo, con mis manos apoyadas sobre él, estaba realmente frío, pero mutuamente nuestro frío no se podría calificar cómo tal. Tus manos estaban sobre mi cadera, sobre mi espalda y bajo la camiseta. Con mi dedo dibujaba sobre tu torso algo que ni siquiera podría definir, acariciaba lentamente aquella piel congelada. Entonces, me besaste la frente tiernamente, apotando tu nariz y tu barbilla también allí, cerraste los ojos y los volviste a abrir, deslumbrandome. " Gracias " me susurraste al oido, posando igualmente tus labios. "Gracias a tí, por ser tú" susurré a continuación, y nos besamos. Nos besamos todavía delicadamente, parecía que el tiempo se paraba para nosotros dos, que aquel momento no terminaría nunca, que las paredes guardarían el recuerdo, que nunca olvidaríamos esa noche, que te quería con locura y me dolía tu amor. Sin querer, solté una lágrima ahogada, que corrío rápidamente por mi mejilla para esfumarse , para no dejar huella y tu lo notaste y me besaste agresivamente. La euforia del momento hizo que la adrenalina que corría por mis venas inundase mis ojos de alegría, te miraba, y pensaba que no eras real que esto era un sueño que no podía haber una persona tan buena cómo tú porque eras un niño y a su vez mi chico, mi camello personal. Entonces, mi cabeza dejo de existir para dejar paso a los latidos fusilantes de mi pequeño corazón que por un momento fue tuyo también.

miércoles, 12 de enero de 2011

¿?¿?¿?Cualquier Instinto, pero instinto


Momento 6
No me hace falta ni mirarte a la cara.


Cada día que pasa soy más bipolar, me encuentro feliz conmigo misma, así de obsesionada y loca.
He descubierto que estoy embarazada psicológicamente, porque tantos antojos y caprichos, no pueden ser nada sano.
Tú estás ahí, tras el telón rojo, tras ese telón que te saca fuera de mi escenario, en el que cada uno pretende hacerse un hueco para que yo lo lleve conmigo.


Repartidos por todo el escenario tengo a mis "títeres", ocupándolo todo. Se diferencian perfectamente del resto, tienen cuerdas y pretenden hacer que creas que tienen vida propia y no son sólo objetos mecanizados. Pero tú lo ves perfectamente.
Mis pequeños títeres son de lo más variopintos. Altos, bajos, gorditos, flacos...pero todos cumplen la misma función. Sólo pretenden distraer. En ocasiones son realmente molestos, pero otras, te entretienen.
Lo cierto, es que me gustan mucho, porque son completamente huecos, no tienen nada dentro, con lo que me parecen completamente transparentes. Intentan engañarte y hacerte creer que están llenos de espíritu, pero son de esos insensibles que tan tiernos me parecen.
Se molestan en intentar que creas ciegamente en ellos, que son diferentes, y a pesar de títeres tienen un bailarín dentro, pero nada más lejos de la realidad yo sonrío enternecedoramente y les digo que me los creo. No pretendo causar ninguna crisis de autoestima a cualquiera que se suba a mi escenario, si lo que quieres es que crea todas tus patrañas, mentiras y enamoramientos fugaces, me los creeré por tí. Y también los querré siempre.
Ja, ja, ja.
Me encanta tenerlos ahí, tan inocentes e incrédulos pensando que no les veo las cuerdas y la mano que los mueve. Pero sólo sirven para crecer mi autoestima.

En medio tengo algún "actor de arte dramático", saben que todo son castillos en el aire que se han formado, pero viven una verdadera desgracia con cada gota de agua que cae al suelo.
Se esfuerzan por lo del arte de la seducción, quedar como sensibles y pringados, contarte las mentiras como si fueran cuentos y ¡Pum!, cuando no funciona sacan su Cara B, su "actor frustrado", celos, enfados, puestas de cuenta, y resignación. Con lo que acaban dejando de actuar, pero jamás dejando el escenario.
Un actor nunca se da por vencido en cualquier buena interpretación.

Y los figurantes, los que más estorban.

Mi mayor problema, es que me cuesta diferenciar a los protagonistas, de estos tres grupos anteriores. Clasificando directamente y sin pararme a ver cómo reaccionan ante la presión.

A veces me encuentro sola en este escenario, sentada en mi butaca y viendo cómo desperdician el tiempo. Me gusta ver cómo sus cuerpos se mueven lentamente por el escenario, sonríen y siguen ahí. Me encanta ver, cuando les aplaudo y se sonrojan, intentan acercarse un poquito más, y yo no les digo nada porque me gusta cómo se acercan, la manera en la que se interesan y me miran, lo dulces que pueden llegar a ser por interés y me encanta la repugnancia que me provocan con sus mentiras ahogadas en café frío.

Descanso con mi cigarro sobre un colchón cansado y callado, mirando las goteras y viendo la vida pasar, escuchando ruidos en mi cabeza y viendo cómo sin amor la vida no es nada, si no sientes nada no merece la pena vivir, si tienes miedo, eres subnormal y yo no sé en qué categoría entro, en la de suicidas, gilipollas o almas solitarias vagantes. No soy fea, pero sí un bicho raro que le gusta comer quizases. Te quiero soledad, pero no llenas. Quiero mi limonero, cada vez que cae un limón te odio un poco más, el árbol está vacío, saca tus propias conclusiones, pichón.
Ayer volví a vomitar, vomité palabras, te vomité a tí.

lunes, 3 de enero de 2011

Tu mesa estaba llena de copas vacías, bebiste por cada mujer una de ellas. Pero ninguna sirvió para saciarte. - Cualquier Instinto, pero instinto






EXISGEN: EXISTEN Y EXIGEN

Recuerdo aquella tarde-noche en la que el olor a invierno permaneció tres dulces horas, salpicado por voces de segundo plano. Ese día, las nuestras no salieron nunca.
El sitio no importó, se pretendía malgastar el tiempo y ningún lugar era imprescindible.

Estabas allí sentado, a mi lado, por accidente o no. Nos enfrentamos tan duramente, como en cada intento de reconciliación. La mesa igual de fría que siempre, la tuya, la mía...
Ambos estábamos solos, cómo siempre, pero tú no te dabas cuenta. Desperdiciando los dos el tiempo con cualquiera que se sentase en nuestro horrible invierno.
Tu mesa estaba llena de copas vacías, bebiste por cada mujer una de ellas. Pero ninguna sirvió para saciarte.
Incluso hubo una o dos que no pudiste acabar de beber, ya no tenías fuerza. "¡Puta vida!" dijiste entre suspiros ahogados. Yo pensé, "tan puta como cada una de las que ya has bebido".

Creías que se trataba de otra vez más, pero todo era distinto. Sabía perfectamente lo que eras desde hacía mucho tiempo, pero todavía no había reunido el valor suficiente para decírtelo.
Tenía la esperanza de que al menos una noche, te bebieras la última copa conmigo. Pero nunca sucedió. No me amargaba saberlo porque en el fondo creía que no tenía ni idea de quién eras realmente, y me sentía menos estúpida si en vez de una consentidora, era simplemente gilipollas.
Pero aún así todo esto, me aterraba sin haberlo deseado.

En ese momento, te vi por primera vez como un ser despreciable. Dejaste de estar sentado conmigo, a ser el tipo de mi lado, tan raro como cualquier extraño.
Te miraba, buscando algo que te llenase, cómo la experiencia de sentirse realizados. Te sentías frustrado por no tener a tu lado a la mujer que querías, te sentías fracasado por mi compañía. Hasta el momento en el que más te odié, no te diste cuenta de que a veces tus decisiones son las incorrectas.

Sabía que pudiste volver a elegir entre tres o cuatro, pero lo peor no eran tus dudas, era que no sabía si realmente había algo que mereciese la pena dentro de tí. Si había algo de persona en tu interior, y era algo que me intrigaba, que me comía por dentro en cierta forma, y se fué haciendo mayor, y mis copas se fueron vaciando a la misma velocidad que las tuyas. Yo bebía cada copa, por cada angustía.

Me giré por última vez para mirarte directamente a los ojos. El momento más ridículo de mi vida fue dejarte ver que había tardado tanto en darme cuenta.


Y me fuí.

jueves, 23 de diciembre de 2010

A partir de ese día, tus costumbres se hicieron mías - CIPI



Momento 3 (Su momento)




Sólo preguntarte me calmaba. Sólo si te hacía daño podría consolarme, y sólo necesitaba saber que no era todo una jodida y completa mierda.


Un rayo de sol, un mechón y tres minutos.






Cuando me enamoré de tí. 

¿Te acuerdas de un día muy desordenado?
A partir de ese día tus costumbres se hicieron mías y no las olvidaría hasta diez meses después de que todo acabara.

Estabas de espaldas contra la ventana, de tarde. ¿Ahora lo recuerdas?
La habitación completamente desordenada, casi ni un centímetro de suelo visible. Había botellas, ropa, zapatos, una guitarra, papeles sueltos, tazas, gafas de sol, pañuelos de papel, cajetillas, cables e incluso todo tipo de ropa interior.

Estabas descalza, de puntillas, un poco asomada, las piernas cruzadas... Esto no lo recordarás porque es otra de esas costumbres tuyas.
Llevabas una camiseta vieja, de esas que te llegan a la mitad del muslo y sueles llevar en verano.  Se te marcan los hombros cuando te apoyas en el alféizar, como si fueran dos clavos que sobresalen, como si quisiesen salir. Esas camisas te hacen una arruga justo en el culo. Parece hecha para que yo lo pueda ver.

Tu pelo caía tan largo... que parecía que no podías verlo de una sola pasada, tenías que arrastrar la vista de arriba a abajo. Ver todas sus curvas, la forma en la que se posaba sobre tus picos. Veía todos esos mechones sueltos que no querían seguir al resto, tan rebeldes como tú, todos aquellos colores que tenía, las sombras que le hacía el sol, lo que brillaba...

En la mano sostenías un cigarro, parecía que ni siquiera hacías presión, que podría caerse en cualquier momento. Tomabas una calada tras otra, haciendo que me repugnara aquello cada vez más, mientras el humo se desvanecía muy lentamente.
Me quedé perdido en todos esos pliegues que hacía a contraluz.

Hasta que desperté cuando te moviste, corrompiendome. Para coger la goma de tu mano izquiera, la que siempre llevas. Otra costumbre. Recogiéndote el pelo, tan desordenadamente como eres tú. Deslineado, con algún rizo rebelde que quedaba descubierto, otros sobre tu cara, despeinado. En ese momento uno de tus pendientes mostraba un destello de luz, uno de esos dichosos cuatro pendientes de tu oreja izquierda, reflejaba un jodido rayo de sol.

Ví a cámara lenta como te girabas, tu cara estaba iluminada, suave, con los pómulos marcados por las sombras. Me pareció ver tus ojos más claros que de costumbre, tu mirada más limpia aún siendo tan oscura, tu maquillaje tan negro, con tus ojeras tan marcadas. Esto, como de costumbre, haciéndote la expresión mucho más agresiva.

¿Vas recordando?, en ese momento me levanté para ponerte el pelo detrás de la oreja. En ese momento, sentí que ponía todo tu desorden a raya.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Pasión inmadura




Momento 2

Cada uno decide ser lo que es.
Quizá hay ciertos días en los que ni siquiera puedes con tu alma, hay días en los que quieres que llegue el fin de semana, que llegue un viernes a última hora, que nunca lleguen las doce del Domingo, que el sábado dure 48 horas, que esos momentos especiales se paren y duren lo máximo posible, sólo buscas una escapatoria de la rutina, algo que te haga salir de la mierda acumulada de toda la semana, de todos los problemas acumulados, que aunque pequeños, juntos, son demasiados.

Deseas con ansia algo que tarda demasiado en llegar, algo que en vez que tres días, medio siglo es lo que parece quedar. Es que, hay veces en las que no tienes el suficiente ánimo para regalarle al mal tiempo una buena cara, que ni siquiera puedes encender un mechero. Los pies se te duermen y tienes ojeras por levantarte a las cuatro de la mañana.
Sólo quieres algo nuevo, algo nuevo que a veces llega pero desprecias porque realmente no lo querías, porque no sabes lo que quieres, pero quieres algo. Entonces, todo va en tu contra y empiezas una dinámica de pisotón tras pisotón, lluvia tras lluvia, descuido tras descuido, de mierda sobre mierda.

Pasas de un día querer comerte el mundo con un dedo, demostrar que tu estas ahí, pisando fuerte para dejar huella, con ganas de fiesta, a querer que lleguen las doce para poder irte a dormir a la hora de siempre. No sabes lo que tienes, ni lo que quieres.
Quiero algo que anime al personal y acabo dando vueltas sobre la misma piedra.

¿Qué ves a tu alrededor? apoyo. ¿Por qué apoyo? porque es lo que es correcto decir.
Pero nadie se da cuenta de tu situación, de que tienen que hacer que seas positiva, pero es casi imposible y no ayuda casi nada, pero aunque no lo quieras, el apoyo siempre es una muestra de afecto universalmente aceptada, ¿no?. Mi época, ¿cual es esa época?, una época de mierda, hay muchas veces que pasas por baches, que tienes miedo al día a día, tienes miedo al futuro, a lo que pueda pasar, a lo que pasa o cosas que puedan salir haciendo referencia a lo que pasó, tienes miedo a la felicidad, a sentir, a no sentir, a reir o a llorar, tienes miedo de la vida, de arriesgar y perderlo todo. Cuando estás mal, sólo quieres arriesgar lo menos posible, ir de poco en poco, pisando sobre seguro, apostando para ganar y haciendo callar. Supongo que esto es la vida, ¿dura?, tienes razón, no has elegido estar dónde estás, pero siempre puedes estar peor, el sufrimiento es nuestro mayor miedo, tenemos miedo al miedo , muchas veces no sabemos que hacer, como mirar o que palabra articular, ¿qué haces? te limitas a seguir la vida, dejar que las decisiones de tomen en el ultimo momento, cuando sabes qué es lo que hay, bueno o malo, lo sabes. Admiro a aquella gente que está permanentemente feliz, por las oportunidades que da la vida, por lo que la vida le ofrece, por aquello que le hace un poco más feliz cada día y porque las malas rachas son juegos del futuro, si, yo era una de estas personas y digo era porque no puedes ser positiva toda la vida, solo puedes serlo cuando las cosas positivas , superan a las negativas y no viceversa, pero siempre llega el momento de sufrir y bueno, supongo que por todo se pasa y que falta poco para que ese grano de la nariz se quite con tus problemas. Terminas cualquier cosa, por no seguir escribiendo, porque cada palabra es un motivo más para no estar bien, porque cada una de las palabras hace que tus ojos se empañen un poquito más y porque si empiezas a criticar al mundo, acabarás muriendote del asco, en el que vives.

Bienvenido, Instinto

martes, 23 de febrero de 2010

Ese beso terminó como mis malos hábitos. Cuando me quise dar cuenta, ya estaba enganchada hasta el fondo.- LLDSO





Aquel beso que casi sin querer me había regalado, resultó como una ráfaga de aire fresco y libre que entraba en mí.

Fué mucho más poético de lo que quería dejarse ver, entró en mi cuerpo suave, como un cosquilleo. Era como el anhelo de un deseo bien guardado.

Me recordó a una noche en la que sólo hubo oscuridad. Arropada por sentimientos, tan nuestros que podríamos haberles puesto nombre porque nadie se hubiera atrevido a negárnoslo.
Incierto, suyo, tímido, sofocante, mío, momentáneo...y rápido, demasiado.




Ese beso terminó como mis malos hábitos. Cuando me quise dar cuenta, ya estaba enganchada hasta el fondo.

Tanto fue, que en un abrir y cerrar de ojos llegó. No lo esperas, sientes todo y nada, pero sigues.
Empiezas a verlo a cámara lenta, tan lenta que la vida te pasa a su lado, y ni siquiera te das cuenta de cuánto te está consumiendo.

La realidad se puso en rebelión.

Siempre fuí la perdida y eso decidió, dejar que acabara de perderme y estamos todavía en el mismo sitio. Tragué saliva, sus manos estaban frías. Cerré fuertemente los ojos, no podía presenciarlo, ser consentidora de algo que tanto rehusaba.

Mi enajenación hizo que no pudiera sentir su respiración, ni siquiera la mía. Hasta que me sobrevino un suspiro ahogado, como si mi cuerpo tratase de enfrentarme a todo aquello.  
Notaba su mirada sobre mí, intimidándome y casi traspasándome. Ví cómo se abrían sus labios, como si estuviera frente a mi asesino quitando el seguro y preparado para apretar el gatillo, relamiéndose.

Esta vez era tan diferente... Esta vez sus labios no se acercaban a los míos, sólo decían que querían hablar conmigo.


Como un reencuentro con mi pasado.

No sé si fue el día mas frío del año, pero a mi me lo pareció. No estoy segura de si estaba preparada, pero todavía no paro de arrepentirme.

Su primera mirada fue lo suficientemente álgida como para parar un tren. En ese momento lo entendí todo, tan rápido como un soplo de verdad que me tiró al suelo. Sólo me basto algo tan banal para que la indecisión, mi perturbación, el miedo, la ansiedad o la impotencia irrumpiesen.

Tenía tanto miedo, que no controlaba bien los extremos.
La voz me temblaba, los pelos se me ponían de punta, y creo que el corazón se me iba parando. Me estaba agobiando ver como hablaba tan firme y seguro,como si llevase toda la vida preparado para esto.  Y me ví tan súmamente débil...

Todas esas palabras me sobrevenían a cámara lenta, pero con ansia. Miré al cielo, tratando de buscar la respuesta, ¿qué respuesta?, ni siquiera lo sabía.
Veía mover su lengua, tan acompasada, tan rápida y lenta. No podía concentrarme en escucharle, no podía en general.

No sentía la necesidad de escucharle una vez más, sólo sentía la necesidad de estar un poco más a su lado. Aprovechar el momento, siendo el último, o el primero.


Pero se paró el tiempo, y sentí que lo único que trataba de decirme era que me echaría de menos.


Posó un mano en mi cuello, rozando mi yugular, y acariciando mis labios. Lo último que le escuché decir fué: "lo siento".