Con menos verdad también lo hubiera conseguido
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lunes, 31 de octubre de 2011
viernes, 15 de abril de 2011
contigo por casualidad, casualidad premeditada. -LPDDC.6
Lo llaman "la parte buena de las cosas", yo lo llamo: "la mierda con la que nos autoengañamos".
Recuerdo haber salido corriendo de casa, salí por la intranquilidad de mi rutina, la casualidad nueva de volver a verle. No me costaba esforzarme por mantener casualidades con él, no me costaba si eso bastaba para alimentar mi esperanza. Era una tontería, pero me hacía sentir un maravilloso cosquilleo diario, merecía la pena verle cada día si eso servía para lo más mínimo.
Era un día caluroso, con un sol asfixiante. Llevaba la sonrisa más enternecedora del mundo, y mis ojos brillaban bajo la luz del sol. Caminaba perdida entre las calles sin pensar en nada más, viendo como se retorcía el sol pasando entre cualquier rincón de todas aquellas callejuelas por las que pasaba, respiraba tranquila y calmada, iba con el único propósito de estar con él.
Pretendía toparme contigo por casualidad, casualidad premeditada.
Había llegado tan puntual que la espera se me hizo eterna. Me senté a ver los coches pasar, gente corriendo, risas, niños jugando, viendo lo bonito que me resultaba incluso esperarte.
Al final de la calle vi a dos personas diferentes, eran unas manchas que se convertían en deseos, eran unas preciadas manchas que podían adoptar la forma de quien yo quisiera, pero se acercaban en la misma proporción en la que mi deseo desaparecía.
Al levantar la vista para buscarte de nuevo, no venías, y la verdad que me desilusioné. No sé todabía la razón por la que esa tontería me afectó tanto, pero me dió la sensación de que no paraba de hacerme ilusiones y eso, no paraba de pasarme factura. En ese momento cambió todo.
Es increíble, como algo tan vanal pudo hacerme sentir así. Me entristecí inevitablemente.
En ese momento me llegó tu mensaje. "lo siento muchísimo, lo siento de verdad, pero al final tampoco puedo".
Una vez más la esperanza no me había merecido la pena, algo me estaba nublando.
Volviendo a la realidad, llovía demasiado y me estaba mojando, hacía un frío horrible y odiaba cómo caía mi pelo mojado por mi cara. No me salió ni echarme a llorar, mis gafas estaban empañadas y me convertí en la misma miope de siempre al volver a quitármelas.
Crucé la esquina y me miré, igual de fría que siempre, arrastrando los pies y siendo igual.
Volví a fruncir el ceño como de costumbre y a resignarme.
Paré en uno de esos pasos de peatones en los que hay un charco que no ves, uno de esos charcos que pisas. Cerré los ojos y maldije algo.
Al seguir caminando aún maldiciendo y mirando todo lo mojada de más que estaba, choqué contra alguien. ¡Estupendo!.
- Joder...perdona
- No te preocupes, es peor lo del charco.
Genial, espero que no haya un vídeo en Youtube de mi ridículo también
- Bueno, por mojarme un poco más no pasa nada
Fué la primera vez que levanté la mirada. Te conocía.
- ¿Te conozco?.
- No lo sé, no me suenas.
- Estoy segura de que nos conocemos.
- Puede ser, soy bastante despistado, probablemente sea así.
- Yo también soy muy despistada, así que será una casualidad.
- Tú te pareces a alguien que conozco.
- Cuando pasa esto, se dice que las personas están predestinadas a conocerse.
- ...
- No me malinterpretes, no estoy ligando contigo ja, ja, ja.
- ¡No, no!, para nada. En ese caso, encantado de conocerte.
- Igualmente
Y después nada volvió a ser igual
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Pasión inmadura
Momento 2
Cada uno decide ser lo que es.
Quizá hay ciertos días en los que ni siquiera puedes con tu alma, hay días en los que quieres que llegue el fin de semana, que llegue un viernes a última hora, que nunca lleguen las doce del Domingo, que el sábado dure 48 horas, que esos momentos especiales se paren y duren lo máximo posible, sólo buscas una escapatoria de la rutina, algo que te haga salir de la mierda acumulada de toda la semana, de todos los problemas acumulados, que aunque pequeños, juntos, son demasiados.
Deseas con ansia algo que tarda demasiado en llegar, algo que en vez que tres días, medio siglo es lo que parece quedar. Es que, hay veces en las que no tienes el suficiente ánimo para regalarle al mal tiempo una buena cara, que ni siquiera puedes encender un mechero. Los pies se te duermen y tienes ojeras por levantarte a las cuatro de la mañana.
Sólo quieres algo nuevo, algo nuevo que a veces llega pero desprecias porque realmente no lo querías, porque no sabes lo que quieres, pero quieres algo. Entonces, todo va en tu contra y empiezas una dinámica de pisotón tras pisotón, lluvia tras lluvia, descuido tras descuido, de mierda sobre mierda.
Pasas de un día querer comerte el mundo con un dedo, demostrar que tu estas ahí, pisando fuerte para dejar huella, con ganas de fiesta, a querer que lleguen las doce para poder irte a dormir a la hora de siempre. No sabes lo que tienes, ni lo que quieres.
Quiero algo que anime al personal y acabo dando vueltas sobre la misma piedra.
¿Qué ves a tu alrededor? apoyo. ¿Por qué apoyo? porque es lo que es correcto decir.
Pero nadie se da cuenta de tu situación, de que tienen que hacer que seas positiva, pero es casi imposible y no ayuda casi nada, pero aunque no lo quieras, el apoyo siempre es una muestra de afecto universalmente aceptada, ¿no?. Mi época, ¿cual es esa época?, una época de mierda, hay muchas veces que pasas por baches, que tienes miedo al día a día, tienes miedo al futuro, a lo que pueda pasar, a lo que pasa o cosas que puedan salir haciendo referencia a lo que pasó, tienes miedo a la felicidad, a sentir, a no sentir, a reir o a llorar, tienes miedo de la vida, de arriesgar y perderlo todo. Cuando estás mal, sólo quieres arriesgar lo menos posible, ir de poco en poco, pisando sobre seguro, apostando para ganar y haciendo callar. Supongo que esto es la vida, ¿dura?, tienes razón, no has elegido estar dónde estás, pero siempre puedes estar peor, el sufrimiento es nuestro mayor miedo, tenemos miedo al miedo , muchas veces no sabemos que hacer, como mirar o que palabra articular, ¿qué haces? te limitas a seguir la vida, dejar que las decisiones de tomen en el ultimo momento, cuando sabes qué es lo que hay, bueno o malo, lo sabes. Admiro a aquella gente que está permanentemente feliz, por las oportunidades que da la vida, por lo que la vida le ofrece, por aquello que le hace un poco más feliz cada día y porque las malas rachas son juegos del futuro, si, yo era una de estas personas y digo era porque no puedes ser positiva toda la vida, solo puedes serlo cuando las cosas positivas , superan a las negativas y no viceversa, pero siempre llega el momento de sufrir y bueno, supongo que por todo se pasa y que falta poco para que ese grano de la nariz se quite con tus problemas. Terminas cualquier cosa, por no seguir escribiendo, porque cada palabra es un motivo más para no estar bien, porque cada una de las palabras hace que tus ojos se empañen un poquito más y porque si empiezas a criticar al mundo, acabarás muriendote del asco, en el que vives.
Bienvenido, Instinto
lunes, 1 de noviembre de 2010
jueves, 13 de mayo de 2010
martes, 23 de febrero de 2010
Ese beso terminó como mis malos hábitos. Cuando me quise dar cuenta, ya estaba enganchada hasta el fondo.- LLDSO
Aquel beso que casi sin querer me había regalado, resultó como una ráfaga de aire fresco y libre que entraba en mí.
Fué mucho más poético de lo que quería dejarse ver, entró en mi cuerpo suave, como un cosquilleo. Era como el anhelo de un deseo bien guardado.
Me recordó a una noche en la que sólo hubo oscuridad. Arropada por sentimientos, tan nuestros que podríamos haberles puesto nombre porque nadie se hubiera atrevido a negárnoslo.
Incierto, suyo, tímido, sofocante, mío, momentáneo...y rápido, demasiado.
Ese beso terminó como mis malos hábitos. Cuando me quise dar cuenta, ya estaba enganchada hasta el fondo.
Tanto fue, que en un abrir y cerrar de ojos llegó. No lo esperas, sientes todo y nada, pero sigues.
Empiezas a verlo a cámara lenta, tan lenta que la vida te pasa a su lado, y ni siquiera te das cuenta de cuánto te está consumiendo.
La realidad se puso en rebelión.
Siempre fuí la perdida y eso decidió, dejar que acabara de perderme y estamos todavía en el mismo sitio. Tragué saliva, sus manos estaban frías. Cerré fuertemente los ojos, no podía presenciarlo, ser consentidora de algo que tanto rehusaba.
Mi enajenación hizo que no pudiera sentir su respiración, ni siquiera la mía. Hasta que me sobrevino un suspiro ahogado, como si mi cuerpo tratase de enfrentarme a todo aquello.
Notaba su mirada sobre mí, intimidándome y casi traspasándome. Ví cómo se abrían sus labios, como si estuviera frente a mi asesino quitando el seguro y preparado para apretar el gatillo, relamiéndose.
Esta vez era tan diferente... Esta vez sus labios no se acercaban a los míos, sólo decían que querían hablar conmigo.
Como un reencuentro con mi pasado.
No sé si fue el día mas frío del año, pero a mi me lo pareció. No estoy segura de si estaba preparada, pero todavía no paro de arrepentirme.
Su primera mirada fue lo suficientemente álgida como para parar un tren. En ese momento lo entendí todo, tan rápido como un soplo de verdad que me tiró al suelo. Sólo me basto algo tan banal para que la indecisión, mi perturbación, el miedo, la ansiedad o la impotencia irrumpiesen.
Tenía tanto miedo, que no controlaba bien los extremos.
La voz me temblaba, los pelos se me ponían de punta, y creo que el corazón se me iba parando. Me estaba agobiando ver como hablaba tan firme y seguro,como si llevase toda la vida preparado para esto. Y me ví tan súmamente débil...
Todas esas palabras me sobrevenían a cámara lenta, pero con ansia. Miré al cielo, tratando de buscar la respuesta, ¿qué respuesta?, ni siquiera lo sabía.
Veía mover su lengua, tan acompasada, tan rápida y lenta. No podía concentrarme en escucharle, no podía en general.
No sentía la necesidad de escucharle una vez más, sólo sentía la necesidad de estar un poco más a su lado. Aprovechar el momento, siendo el último, o el primero.
Pero se paró el tiempo, y sentí que lo único que trataba de decirme era que me echaría de menos.
Posó un mano en mi cuello, rozando mi yugular, y acariciando mis labios. Lo último que le escuché decir fué: "lo siento".





