martes, 30 de agosto de 2011

"Si no tienes problemas ven a conocerlos conmigo" - DM.6




Porque parece, que entre un puñado de nervios incesantes aparece el amor. E irremediablemente es lo único que calma.

No es ese amor verdadero, puro, limpio, y lleno de estabilidad. Ese amor dulce,  que sólo puede traer paz consigo.
Es ese amor brusco y sin sentido, el que también me calma.


Todo empieza con la sensación;



 "casi todo lo que digas, y  la forma en que lo digas no importa "


Cuando empezamos a volver juntos de madrugada para que me gritaras sin querer esas cosas sin sentido.  Cuando empecé a temer que intentas convencerme otra vez para darme un beso acompañado de todo lo que me hace salir corriendo.
Cuando conseguiste hacer que no saliera corriendo de tí, que la formalidad no me aterrorizase.
Es entonces, cuando me doy cuenta de que no puedo parar de pensar en que estamos demasiado perdidos. 







"Si no tienes problemas ven a conocerlos conmigo"

La frase que siempre me dijiste que debería tatuarme, marcarme a fuego, fijarla en lo más hondo de mí. Dijiste que jamás nadie diría una frase que me definiese más, jamás nadie diría tanta verdad en una sola frase. Nunca encontraría nada en el mundo que fuera más mío que esas ocho palabras.


Podría ahogarte a perdones, pero si de verdad crees o sigues creyendo, aunque sólo sea un poco, que vale la pena echar a perder todo lo que has vivido, la madurez que tienes, todo lo que te ha hecho persona, todo lo bueno que tienes, lo que eres. Echar a perder tu vida sólo por estar conmigo, pero te lo agradeceré toda la vida, porque la cordura llegó contigo, y nunca pensé que podría llegar a sentirme tan cómoda en ella.
Sé mejor que cualquiera que no todo el mundo estaría dispuesto a apostar por mí, una vez he fallado. Apostar por alguien ya es difícil, pero apostar a ciegas, contra todo pronóstico y con un 78% de posibilidades de salir perdiendo, es una jodida y completa mierda. 

Ya sabes que no encontrarás nada de lo que buscas, pero es lo que lo hace especial, lo que alimenta el riesgo que hace que tengas tantas ganas de salir escaldado. Sabes que nunca seré la novia perfecta, y no digo para tus padres, si no para ti otra vez. No tengo nada de lo que tiene la princesa que siempre soñaste, pero tu tampoco fuiste nunca ese ogro que buscaba.
Me encantaría que dieras el paso a pesar de todo, ¿para qué nos vamos a engañar?, que lo dieras de nuevo contra todo pronóstico, asumiendo consecuencias y sabiendo cómo soy, que volvieras a apostar una última vez por mí, que gastases tu útima bala. Simplemente por el morbo de que te llamen loco al cruzar la calle, por que te señalen por el dedo por haber perdido contra mí otra vez.
Sólo pretendo cumplir alguna tontería contigo, alguna que otra que se nos ha quedado en el tintero. Ya sabes, esas cosas que tengo metidas en mi tarrito de sueños a cumplir contigo.

1. Hablarnos con la mirada. Conseguir decirnos la mayor guarrada del mundo en el restaurante más silencioso del planeta. Simplemente con mirarnos.
2. Conseguir, que cuando no veas la salida, te la inventes conmigo. Una salida de emergencia.  
3. Luchar entre cabeza-corazón, para equilibrarnos. Tratar de llegar a sentirnos tan equilibrados, que intercambiemos corazón por cabeza y viceversa, y al revés, y cabeza-corazón otra vez.
4. Morirnos de los nervios antes de vernos, porque estamos demasiado enfadados para soportarnos. Siempre. Incluso con 70 años. Tener nervios por verte ganando el puto mejor campeonato de petanca de viejas glorias y que no te vengas a tomar un chinchón conmigo y vayas con tus amigos aprostáticos.
5. Darnos esos besos comunes, que se dan por agradecerte que me sonrías a veces. Pero darlos tan tiernos que nos pregunten si nos vamos a despedir para toda la vida, como si te fueras a la guerra y a mi me internasen en un convento.
6. Que la normalidad, sea nuestra asignatura pendiente toda la vida. 
7. Soñar juntos. Soñar que somos grandes, que volamos, que somos invencibles. Lo insignificante del mundo porque nosotros dos lo tenemos todo, porque somos lo suficientemente grandes juntos como para reírnos y provocar otro terremoto en Valdivia.
8. Discutir diariamente, hasta agotarnos, hasta quedarnos sin voz. Reconciliarnos diariamente, y que nos tengan que amputar las cuerdas vocales definitivamente. Hacerlo todo siempre con intensidad.
9. Conseguir tener un desajuste hormonal por toda la adrenalina que nos producimos, por todos los altibajos que nos provocamos, por todos los psicólogos que se harán de oro a nuestra costa, porque Kleenex llevará nuestros apellidos como si cada paquete fuera hijo nuestro.
10. Envejecer. ¿Te imaginas dos locos viejos? podríamos hacer cualquier sinverguencería y sería mucho más grande. Nadie se espera que unos viejitos sean unos jodidos canallas.
22. Atreverte. A todo. A nada. A mí de nuevo.

lunes, 1 de agosto de 2011

Perdiendo el orden de los hechos, pero el sentido de mi orden - TC.16



















Brindemos pequeños, porque todo es suficiente cuando eres realmente feliz.













Realidad sobre un confrontamiento con un lienzo y una cerveza. Lo más real sobre mí, siendo  finalmente representado;

Cuatro amores que pelean por aparecer sobre el lienzo de mi vida.
Que tontería, ¿verdad?.

Me sorpremde encontrarme de una vez por todas con algo sobre mí misma.
Es un reto, tener que pintar por primera vez algo que tengo dentro, algo que es completamente mío. Algo que mi alma estaba gritando, que mis manos siempre quisieron hacer. Algo que siempre quiso salir de mí, pero que nunca se enfrentó a la realidad.
Me enfrenté a mi vida en blanco. Me paré frente a aquel cuadro en blanco, aquello que me estaba esperando. Pretendía sacar algo de mí.

Empecé a pintar el primero. Siempre he sido muy obsesiva con el orden, lo correcto, las correlaciones, lo que siempre es más lógico, y no podría haber empezado de otra forma sin ser fiel a mi.
Escogí el color rojo, tonalidades naranjas, escamas, y muchas líneas, gordas y fuertes. Con un solo punto. Y en medio, de repente, blanco.
Resultó ser el más efusivo e intenso. Ese primer amor. Amor que agota y aprieta, amor que te ahoga y no deja de hacerlo. Un amor duro y violento, fuerte y fugaz. Nos queríamos en exceso, de eso no cabe duda. Hubiera dado mi vida por él. Me consumía, y eso dañaba a nuestra inexperiencia.
Jamás conocí un amor que doliese tanto, que no pudiese dejar de tener presente.
Dejamos de querernos cuando desaparecimos por completo de la vida del otro, cuando cualquier recuerdo era convertido en un espacio en blanco. Cuando decidimos que las medias tintas era duras. Que solo la ausencia nos sanaría, que sólo el desconocimiento nos haría volver a recobrar la cordura. El color rojo no es por la pasión, si no por la sangre derramada. Incluso para olvidarnos.

El segundo en aparecer, (perdiendo el orden de los hechos, pero el sentido de mi orden), fue un gris, gris perla, gris oscuro, sucio, con algo negro. Garras, líneas en zig-zag, un borrón. Líneas irregulares, nada de sentido.
Este, estaba dotado de pasión y risas. De sexo y deseo, de orgullo y manías.
No podíamos dejar de vernos, éramos incapaces de hablar sin sonreír, éramos seres insaciables con nosotros mismos. Animales llenos de rabia.
Reconocíamos que aquello fuera similar a la droga y nos encantaba. Buscábamos respuestas no verbales, buscábamos desgastarnos. Desgastarnos tanto que llegásemos a desaparecer. Tanto deseo hubo derramado, que al final no supimos ver más allá. No pudimos hacer nada bonito. No pudimos construír nada entre los dos.
Lo que provoca, y siempre provocará, que la tensión sexual no haya desaparecido. Que todavía no nos hayamos cansado.
Para este, el color era sin duda el gris. Era el gris porque pasábamos los dos una época amarga, tratamos de consolarnos el uno al otro sin ahondar en nada, tratanto de aclarar ese negro que nos conoció, tratando de llegar más allá del gris. Pero solo conseguimos hacer un borrón.

El tercero, fue mi niño. Como niño, su color era el azul. Verde agua marina, o azul. Algo claro y a la vez oscuro, algo que me producía felicidad y amargura. Ese azul que calma, como el mar, y ese verde que no debería estar.
Era completamente imperfecto, y me encantaban esas cosas que se alejaban tanto de la perfección. Sus dulces momentos y miradas, aquellas pequeñas cosas que hacían que quisiera tenerle conmigo toda la noche. Era esa relación que todo el mundo quiere, era tranquilidad y felicidad.
No me engaño, su dulcura provocaba que al fin, me sintiese bien. Era tan bonito, que no podía parar de quererle. Era tan dulce como un niño.
Aún así, entre nosotros había puro fuego permanentemente, una bomba por explotar, el frío de la antártida y el rojo vivo del interior terrestre. Siempre nos echamos de menos, incluso sin conocernos, nos proporcionábamos paz. Creo que llegué a pensar que sería el perfecto padre para mis hijos, mi perfecto compañero de viaje. Era tan bueno que me asustaba que estuviese conmigo. Me asustaba no estar a la altura, no poder devolverle tanto cariño.
Simplemente con mirarnos, estábamos tranquilos. Porque la calma era estar a su lado. El equilibrio era él.
Creo, que incluso después de que terminase todo, queríamos volver a vernos. Queríamos que volviese la paz. Nuestro problema fue el orgullo, demasiado orgullo.


El último, es un color amarillo sin duda. Ese color que destaca, que molesta, que no pega, que no tendría que estar. Geométrico.
Apareció en un momento plano. En cuanto menos me lo esperaba, sin querer. Nunca me hice a la idea de que podría llegar a ser algo tan grande. Nunca quise asumir que pudiese llegar a importarme tanto.
Me ha llegado ha marcar tanto, que ni siquiera puedo decir nada, que ni siquiera tengo voz después de tanto tiempo. Es uno de esos silencios que molestan y se notan.
No podría decir nada, porque no soy capaz. No soy capaz a hablar sobre ello.

martes, 26 de julio de 2011

Besarte, como si siempre fuera la primera vez. - DM.5





Hoy, busco más que nunca tener esa razón por la que levantarme cada mañana.
Revivir una búsqueda de sentimientos completamente perdida. Sensibilidad por necesidad. 



Me gustaría encontrarle.
Encontrar esa parte suya que siempre quise, esa sensación que tanta falta me hace ahora. Necesito dejar de verle como rutina, mantenerme viva con la lucha por no perderle, porque nunca necesité nada más, ni siquiera necesité dejar de ser presa de esta sensación. Pero sería tan estúpido como lo es, odiar que me quiera tan bien como lo hace.

Era tan bonito cuando nos hacíamos daño al querernos, cuando éramos ese amor tan puro. El que duele. 




Cuando la rutina era besar a escondidas, en las esquinas, como si fuera el último día que lo fuéramos hacer. Manteniendo el secreto, para alimentar el riesgo. Vernos muy rápido, tan rápido que ni siquiera podíamos recordar, como si nos agotásemos. 
Derramar pasión en las paredes que tocábamos, deseo en cada una de las farolas que alumbraban nuestros  besos. Como si quisiéramos comernos en ese mismo instante, como si el tiempo fuera a implosionar.

Silenciosamente, llorar con cada uno de los besos, que vuelvan a caer las lágrimas lentamente por nuestras mejillas, porque podemos no volver a vernos, porque el miedo es cada vez mayor, y la valentía se nos hace poco a poco más pequeña.
Mientras, sólo estamos juntos, y nuestra respiración se acelera. Con los ojos cerrados, ahogándome, entreabrirlos y simplemente verle a él, sólo ver su boca. Sentir su respiración igual de rápida, sentir que le quiero demasiado, que es imposible querer más. Volver a sentir que el tiempo se para para que nosotros nos queramos, para darnos un respiro, para regalarnos a nosotros mismos vida.

Volver a reirnos juntos, para que el mundo nos escuche, con todas nuestras ganas. Decir te quiero mientras estamos enfadados, porque de la rabia que tenemos necesitamos recordarnos que nos queremos, y en el momento en el que más nos odiamos, gritarnos. Algo así como gritarnos un te amo, muy claro. Lleno de rabia. 
Cuando besábamos a otros, por cobardes. Y buscarnos cada noche para pedir perdón, volvernos locos porque ambos sabemos que esto es una tonteria. Pero eso, nos daba igual. No queríamos admitir lo que sentíamos, porque la posición cómoda era seguir con nuestras vidas. Pero seguir siendo infelices. Nuestros corazones luchaban por latir más fuerte, por intentar engañar más, por tratar de ser más fuertes.
Pero nos provocábamos un ascenso de la adrenalina con sólo pensar que 
estábamos cerca.

Cuando nos gritábamos entre silencios que nos echábamos de menos. Caminar en diferentes direcciones buscando la razón de seguir con esta estupidez, que nos estaba matando. 
Sentir de nuevo que nos odiamos por hacernos sentir esas sensaciones, por echarnos de menos cada vez que pasa un puñetero día. Por estar echando tierra sobre nuestras vidas, mintiendo, escondiendo, siendo hiócritas...
Por sentirme una fracasada si no te tengo cerca, por creer que sin tí, el mundo es un simple pasatiempo de felicidad y comodidad. Por no arriesgarnos.


Comernos, como si fueramos el postre más dulce que jamás hubiéramos probado. 
Besarte, como si siempre fuera la primera vez. 
Cometer los mismos errores, para sentir que contigo jamás voy a aprender a amar sin locura. 
Sentir, que ni el propio picasso tras cinco porros, podría expresar lo que sentimos. 
Sentir, que mi jodida vida vuelve a depender de tí.
Sentir, que sólo puedo vivir después de oír tu voz a primera hora de la madrugada. 













¿Sabes que es lo más jodido? que jamás volveremos a tener eso. Que ahora nuestra comodidad es la que hace que sintamos la necesidad de buscar otras bocas que palien la ausencia de amor. 
Nos estamos convirtiendo en lo que fuimos. En lo que creímos que no podría volver a ocurrir. 

Hoy, veintiseis de julio de dos mil once, no sé que cojones es lo que quiero. Si seguir con nuestra mentira, volver a hacernos tanto daño como hemos hecho nosotros. 

miércoles, 6 de julio de 2011

- Muérete. + Contigo. - DM.4



- ¿Ce?
- ¡Vaya!...qué sorpresa encontrarte aquí. ¿No?

-  Pues sí.
Hace la de Dios que no te veo... ¿Qué tal te va? ¿todo bien?.
- Sí, todo bien.
- ¿Sólo bien?
-  Bueno, todo va bien, ya sabes.
- Me alegro mucho.
La verdad, se te ve igual de bien que siempre.



- Trato de estarlo.
A tí también se te ve bien, y estás más...¿fuerte?
- ¿Sí?, hace unos meses que he empezado al gimnasio. Malgasto bastantes horas entre pesas, pero me viene muy bien para la cabeza. Para desconectar y eso, además ya sabes que siempre quise hacerlo.
- Lo sé, pero antes parecía que te iba más la fiesta, ja, ja, ja.
¿El resto bien?
- Intento llevarlo lo mejor posible, me están ayudando mucho mis amigos... y bueno, ahora bastante mejor. Desde aquello, no he estado bien del todo.
- Espero que mejoren las cosas, entonces. Y me alegro de que estés algo mejor.
- Un poco hipócrita que digas eso, ¿no crees?
- Lo dejo a tu juicio, pero no me malinterpretes. En absoluto.
No tengo por qué querer que estés mal.
- ¿No tienes por qué quererlo?. Siempre has sido muy graciosa, no te malinterpreto.
Agradezco tu "apoyo", pero preferiría que fueras menos cínica, y que no dijeses nada.
- Perdona si te ha molestado, pero de verdad que no lo he dicho con ninguna mala intención.
- Es broma.
Pero te veo rara, no estás como siempre.
-  No lo sé, ha pasado tiempo y todo se vuelve más frío, ¿no?.
- No es eso. Es esa actitud tan altiva y soberbia. Me sorprende. Antes me caías mejor.
-  Antes las cosas eran diferentes.
- Lo sé, antes se te veía más feliz.
Estabas conmigo, quizá era eso ¿no?.
- Seguramente... ja, ja, ja. Bueno, será mejor seguir otro día con esta conversación porque tengo que irme. Me alegro de verte así de bien.
- Es broma tonta. Ya me dejaste claro que precisamente la felicidad no la tenías a mi lado.
- Bueno, tengo cosas que hacer, y voy bastante apurada la verdad. Ya nos veremos, ¿vale?, adiós.
- Espera
*Me agarra del brazo para retenerme*
Lo siento mucho, me he pasado.
- No importa, déjalo estar. Me voy de todas formas.
- ¿Está todo bien?
- Sí, no te preocupes.
- ¿Y en tí? ¿en tí está todo bien?
- No me pasa nada, de verdad. La situación es un poco incómoda y no me encuentro agusto. Pero está todo bien.
- Sé que hace tiempo que no hablamos, pero sabes que me tienes para lo que quieras a pesar de todo. Siempre me tendrás. Si me necesitas, espero que no dudes en llamarme.
- Lo sé, y tu también me tienes para lo que necesites.
- Te he querido mucho, ¿sabes?.
He estado realmente jodido, he pasado unos meses de mierda. Pensé que no volvería a levantar cabeza. Casi sin salir de casa.
He esperado tanto una llamada tuya, que me dieras una señal. He esperado que sabiendo lo jodido que estaba, simplemente me preguntases qué tal. He esperado tanto tiempo pensando que alguna vez te había importado lo más mínimo...y nada. Me lo he tenido que comer todo solo, ni siquiera te has molestado en preguntarle a mis amigos lo más mínimo, ni siquiera has sido lo suficientemente falsa de intentar quedar bien con ellos.
Pero lo que más me jode no es eso, todo eso es pasado. Lo que más me jode, es que no seas capaz de mirarme a la cara, de mantener una conversación con alguien a quien has querido tanto.
Sigues siendo la misma de siempre.
- ...
- Me duele que después de todo no pueda hablar contigo, que me hayas dejado y no te hayas vuelto a preocupar por mí. Que me hayas dejado tirado como a un puto perro, y después de tanto tiempo no seas capaz. No seas capaz ni de pedirme perdón.
Casi no dejes ni que me acerque, ¿tú te has visto?. No creo que te haya hecho nada tan malo. No creo que te cueste tanto tener educación.
Siempre me has tratado como un perro y sigues haciéndolo.
- No creo que quisieras saber nada de mí después de todo.
- Lo que más pena me da, es que te veo triste, decaída. Veo que te estas apagando y me da mucha rabia. Estás dejando atrás todo lo que te hacía brillar, todo lo bonito que tenía tu mirada.
Y me da tanta rabia...
Me sigues importando. Algo así no te deja de importar nunca.
- No pretendía tener esta conversación. No creo que sea el momento, ni el lugar.
- Eres igual de borde y dura que siempre. No tienes sensibilidad, estás muerta por dentro.
El tiempo te acabará haciendo cambiar, te pondrá en tu lugar, y te darás cuenta de cuanto necesitas a los que están a tu alrededor. Te arrepentirás de haber tratado así a tu gente.
- Puede ser
- No entiendo nada, ¿por qué eres así?.
Después de tanto tiempo, he estado dándole muchas vueltas al tema, y... ¿Sabes cuántas veces he soñado con este momento?
Al principio pensé que me echaría a llorar, que me rompería frente a tí como me he roto siempre.
Que volvería a ser la mierda que machaques. Pero conforme iba pasando el tiempo, me iba haciendo fuerte, y conseguí hacerme lo suficientemente fuerte como para llegar a armarme de valor. Pensé que te diría todo lo que has hecho, todo el daño que me has hecho y lo callado que he estado. He repasado mil veces el discurso que tenía preparado, un perfecto recital que he ido ensayando todos estos meses.
¿Sabes?, ahora me doy cuenta de que al final me he vuelto loco, y he terminado por entender que hayas pensado que te he hecho daño, o que hayas sufrido, o que haya sido un capullo.
He terminado por entender toda la mierda que algún día me echaste. Es gracioso, que me hayas pisoteado y piense que es mi culpa. ¿No?
Me has hecho tanto daño, que he perdido el sentido del dolor.
Pero a pesar de todo, jamás he entendido que lo creyeras. Que creyeras que realmente soy un ser despreciable, que desconfiaras tanto de mí. Creo que al final me ha hecho más daño pensar que tú sintieras que era lo peor del mundo, y no solo eso, si no darme cuenta tan tarde. Lo suficientemente tarde como para no poder demostrarte que no lo soy, que sigo siendo el mismo de siempre.
Te he querido tanto, que nunca podrás llegar a hacerte una idea, y bajo ningún concepto te haría daño. He cometido errores, y para nada huyo de ellos. Pero creo que errores los tiene cualquiera, y me he arrepentido mucho de ellos.
Me he castigado mucho por todo esto créeme.
- ...
- ¿No tienes nada que decir?
- No sé que decir
- Estoy tan cansado de tus "no sé"...
- Me voy.
- Tú no te vas a ningún lado. Creo que como mínimo me merezco una explicación, ¿o ni siquiera eso me merezco?.
¿Tan poco significo para tí?, soy tanta mierda que no eres capaz a dar lo más mínimo por mí.
Te juro, que he llegado a pensar que alguna vez te había importado, que alguna vez hubieras dado algo por mí. Pero poco a poco me voy dando cuenta de lo engañado que he estado siempre, de lo equivocado que he estado.
¿Te das cuenta?, quizá estabas equivocada tú, y la cagaste desde un principio.
Pero eso no lo quieres pensar, ¿verdad?, tu nunca te equivocas, tu eres perfecta. La única mierda, y el único hijo de puta soy yo. ¡Manda huevos!
Puede que sea el último consejo que te de, pero ¡ABRE LOS OJOS!. Abre los ojos de una jodida vez.
No eres perfecta, ni siquiera te acercas, cometes muchos más errores que los demás y te quedas en la barrera esperando a que se solucionen solos. Pero la vida no va así, para nada.
Crees que lo tienes todo bajo control, que todos debemos de estar a tus pies, que tienes la máxima razón. No te das cuenta de que te engañas más a tí misma de lo que los demás te podemos engañar a tí.
Empieza a pararte a pensar en el daño que haces, en las consecuencias de tus actos, y en que quizá lo mejor no sea quedarse callado, porque a veces es necesario un suspiro. Sé que no hice las cosas bien, pero no hay ni punto de comparación con todo lo que hiciste tú, con la frialdad que tuviste para echar por tierra nuestra relación, todo eso que habíamos construído juntos.
¿De verdad crees que no merecía la pena intentar arreglarlo? ¿Crees  que todo aquello era tan insignificante, y te importaba tan poco, que no merecía la pena ni el mínimo esfuerzo?
- Me están esperando, y llego tarde.
- Eres lo peor.
No me puedo creer que no seas capaz de dar la cara ni una sola vez. No me puedo creer que no puedas ni responderme.
Huye, huye como siempre. Es lo que mejor se te da, escapar, salir corriendo, huir de los problemas. No eres capaz de enfrentarte a nada. ¿Qué mierdas haces con tu vida? ¿te crees que salir huyendo te va a solucionar los problemas?.
Tu problema es que eres una niñata, Ce.
- No me llames así, y déjame.
- No vas a huír como siempre de mí, no lo vas a hacer. No llevo tanto tiempo tragando para que te vayas. Jugaste conmigo como quisiste, aguanté tus discusiones, tus idas de olla, y todo ¿para qué? Aguanté todos tus estúpidos celos, que no me dejaras hacer lo que quisiera.
¡Fue tu puta culpa!, todo, absolutamente todo.
Me jode no haberme dado cuenta antes, porque te juro que hubiera sido lo peor.
¡Tendría que escaparme yo de ti!. Eres patética.
- Adiós
- Ce, no te enfades, Vuelve aquí y hablemos las cosas. Te juro que me tranquilizo.
Me pones nervioso, llevaba tanto tiempo esperando poder hablar contigo, que no me he podido controlar. Tienes que entenderme ¡joder!.
No sabes la impotencia que me da no obtener respuestas, soltarte todo lo que siempre quise decirte y que no me digas nada. No quiero que me digas nada, porque ya sé que no lo harás, pero te pido un perdón, no quiero más.
- ¿De verdad?, ¿no te das cuenta de que no quiero pedirte perdón?
Me parece perder el tiempo tratar de darte explicaciones, me parece hacerme daño volver a discutir contigo, ¿no lo entiendes?.
Haces lo de siempre, darle la vuelta a todo para poner el mundo de tu parte.
- Huyes, Ce.
- ¡Cállate joder!
Nunca te he dado una explicación porque no te la merecías, no porque fueras una mierda.
No te merecías lo más mínimo de mí, es más, jamás te lo has merecido. Te he dado el doble de lo que siempre te has merecido, y no he recibido ni la mitad.
No tienes  ni la menor idea de lo que pasé, ¿o sí? ¿tienes idea?, no tienes ni puta idea, porque nunca estuviste a mi lado, nunca me preguntaste, nunca te preocupaste. Lo único que quisiste siempre es tener a alguien a tu lado, tener a alguien a quien siempre poder recurrir, tener a alguien que estuviera pasase lo que pasase, aunque te callese la mayor piedra encima, tener a alguien que siempre te salvase.
Pero me cansé, me cansé de sacarte de la mierda, de ir a buscarte, de luchar por tí. Me cansé de tener que sacarte de todos los problemas, ¿que era lo que tenía que hacer porque era tu novia?, ¡no te lo crees ni tú!. Yo no tengo que sacarte de todos los líos en los que te metes, yo no tengo que sacar las uñas todo el tiempo, yo no tengo que dejar que lo pagues todo conmigo, que te saque de todo y después me castigues a mí. Me merecia más de un gracias, y sólo recibía palos. ¿Confianza?, la confianza me la trae floja. Tendrías que haberte puesto una sola vez en mi lugar.
Siempre estaba detrás, esperando a que te llevases todos los palos que buscabas para después salvarte. No te importaba ni lo más mínimo, preferías salir, drogarte, meterte en líos, tontear con cualquier zorrita, ¿y yo qué?. El tiempo que te sobraba.
Cuando estabas más jodido era cuando venías. Cuando nadie te quería ni ver.
¿Te das cuenta de la mierda que sentía que era?, me sentía como tu puto salvavidas.
- Eras mi salvavidas, porque eras lo que me hacía salir a flote.
- ¿y eso te parece ser feliz?, yo también necesitaba que me salvases, yo también necesitaba que me dedicases tiempo. Sólo necesitaba que me hicieses creer que tenía importancia para tí, que además de los malos momentos, también podía estar en los buenos. Pero no, en los buenos no te interesaba que estuviese.
Esperé tanto a que te dieras cuenta... esperé tanto a que me dejases que te lo explicase...
¿Sabes el tiempo que te esperé?, esperaba llamadas que prometías, te esperaba en los sitios donde nunca aparecías, porque siempre era mejor plan estar bebiendo o metiéndote mierda con tus amigos.
Sabías de sobra que odiaba todo eso. Aguantaba tus excusas de mierda, ¿crees que no sabía lo que hacías?, ¿de verdad te crees que me tragaba todas tus excusas?, me callaba. Me callaba para que no me liaras las mismas de siempre, para que no me gritaras y me llamaras neurótica.
Me jodía tanto que te doliese más que no me creyese tus excusas, antes que dolerte que me estuvieses perdiendo...
Tanto me callé por tí, que pensabas que estaba debajo tuyo.
No te dí una explicación porque me dolía. Nunca te lo dije, pero no te imaginas cuántas veces te he visto con otras. Lo peor es que no solo me engañabas a mí, también las engañabas a ellas, todas pensaban que eran "la otra", pero todas eran "la otra de la otra".
¿Creías que nunca me daría cuenta?, ¿te creías el puto amo ocultando todos tus líos?, y ni siquiera eras capaz de hacer eso bien.
Al principio esperé a que te dieras cuenta de lo que tenías. Acepté que te rieras de mí, y cuando nos viésemos yo hiciera como que no había pasado nada. Te seguí apoyando una y otra vez.
Aguanté todo lo que me echaste encima, porque realmente te quería.
No te puedes imaginar todo lo que duele quererte.
Pero lo que más me dolió no fueron todos esos líos que tuviste, fue el resto.
Acabaste humillándome ante todo el mundo durante tanto tiempo...
Te pedí perdón por no hacer nada, esperé a que te cansaras, esperé a que dejaras de hacerme sufrir, te quedaste solo por hacerme daño. Te dejó todo el mundo de lado. Pero yo seguía ahí, y eso te valía.
Te daba igual el resto, te encantaba hacerlo, y merecía la pena, ¡estabas completamente solo! pero eso daba igual, sólo querías hacerme daño.
En el fondo tienes razón, y te tengo que pedir perdón, porque hiciste algo por mí. Me hiciste fuerte.
Después de revolcarme junto a los cerdos con la mierda, todo me da igual.
A estas alturas, ¿no tuviste suficiente? ¿no fue suficiente?, ¿qué quieres? ¿qué coño es lo que quieres?.
¿Te jodí la vida, y jodí nuestra relación porque me cansé?, ¿en serio? ¿tanto daño te hizo que pudiese llegar a ser feliz con otra persona?.
Lo que más daño de hace, es saber que contigo nunca fuí feliz, que la primera vez que me viste bien no fué contigo. No te das cuenta de lo sola que me sentí. No te das cuenta de lo arropada que me sentía cuando estaba con él.
No fue la mejor decisión, no lo niego. Debería haber hecho las cosas de otra manera, pero no pude.
Ahora mismo me odias y te odio, ¿por qué quieres seguir con esto?.
- Es imposible dejarlo, porque en el fondo somos iguales. Somos los dos igual de hijos de puta.
- Te odio
- Y yo, pero eres la persona a la que más he querido en toda mi vida, eres la que siempre me ha estado apoyando aunque fuera lo peor. Parecía que no me ibas a dejar nunca solo, porque sabía que te importaba, que me querías. Me daba cuenta de cuanto te sacrificabas por mí.
- Tu estás enfermo.
-  Lloras porque lo sabes, porque sigues sintiendo lo mismo.
- Me das asco
- Eres lo mejor que me ha pasado nunca, Ce.
- Me voy.
- Te engañas.
- Después de todo lo que has dicho y hecho, ¿pretendes que me acerque a ti? ¿pretendes que tenga compasión? ¡te odio joder!
- Querernos para matarnos, ¿te acuerdas?, nos gustaba esa frase. Al final la hicimos real, la locura de amar.
- Sigues pensando que soy gilipollas.
-  ¿Qué tontería es esa?.
- Muérete.
- Contigo.

martes, 5 de julio de 2011

Lo siguiente que recuerdo son el resto de dulces mentiras. Me encantan sus mentiras. - DM.3






















Él me lo dijo y nunca lo negó. 



La primera vez, me escaneó a la perfección. Observando cada uno de mis pequeños desastres.

Creo que quería ser la fiera preparada. 










Después de estudiar el terreno y su objetivo, después de obtener el título de depredador a la espera de práctica...Me miró. Lo siguiente que recuerdo son el resto de dulces mentiras. Me encantan sus mentiras. 

Empezó por mirarme, buscando que me acercara lentamente, sin prisa. Trató de ponerme la parte dulce de aquel amargo postre, trató de sacar lo dócil y ocultar el resto. Trató, simplemente, de enseñarme la mentira maquillada con verdades, la mentira que quería ver.

Cuando me acerqué para probar, mojé los labios, y abrí lentamente la boca. Entonces, me acercó el caramelo aun más a la boca, me dijo que no pasaba nada, que me acercara más, que era terreno libre de trampas, que era todo simple, solo había aquello, a lo que alcanzaba mi vista.
Me contaba algún pequeño detalle sin importancia, para que yo se la diera.
Me atraía hacia él, a su gusto.

Cuando desperté de toda aquella mentira del caramelo, estaba en esa habitación que apestaba a humedad... Había humo y su respiración. A ciegas, me adentré para verle contra la ventana, apoyado sobre el cristal, dándome la espalda. Lo único a lo que acertaba era a apoyar el cigarro sobre sus labios.
Se volvió, mirándome y con la última calada. Tiró el cigarro, exhalo el humo, y se quedó callado.
En aquel momento nada se movía, ni siquiera el segundero, el humo era lo único que se movía poco a poco, cada vez más lentamente, bajo la luz del sol, bajo aquellos pequeños rayos.

Buscábamos una respuesta en el otro, serios. No nos movíamos, callados, sólo con nuestra respiración y en aquella habitación tan fría. De pie.
Le miraba agresivamente, la respiración lenta, mi expresión completamente desafiante. Sentía que todo se movía menos nosotros. Sin quitar mis ojos de los suyos, sin moverme un centímetro... Simplemente respirando, simplemente sobreviviendo.
Empezaba a ponerme nerviosa su actitud, sentado, mirándome, como yo. Buscándome y desafiándome, pretendía quedarse una vida allí.
Creo que en ese momento empecé a sentir el desprecio de su mirada, la indiferencia que pretendía transmitir.

Estaba esperando mi explicación, esperaba que yo diera el paso... Pero estaba callada.
En aquel momento pensé en irme, que nada serviría, que era una pérdida de tiempo, y me enfadaba más por momentos.
No quería irme y perder mi orgullo, pero iba a gritarle de un momento a otro. Los dos esperábamos y ninguno hacía nada, era un punto muerto.Un espacio en blanco.

Me dí la vuelta, cerré los ojos y empecé a caminar, a correr tan rápido como mis piernas me lo permitieron. Empecé a llorar con los ojos entreabiertos, desapareció el sonido de mi alrededor, sólo mis pasos y mi respiración.

Mi orgullo por los suelos, mi miedo en las esquinas, la rabia confundida, dolor en mi pecho, agujetas, me pesaban los párpados, me dolía respirar, y sólo pensaba que era fuerte.

Era fuerte y eso nadie me lo podía quitar. Era fuerte y nadie me podía derrumbar.

domingo, 19 de junio de 2011

Aunque te equivoques, aunque no estés cuando te necesita, ella te va a querer a tí - DM. 2




Ese día volvimos a nuestro escondite, ese lugar en el que siempre fuimos él y yo, con un nosotros completamente diferente.

Había un viento incesante, que no nos dejaba, que no paraba de golpearnos. Nos tumbamos sobre la misma roca de siempre, fría, llena de aristas, clavándose mi espalda contra ella. Hacía mucho más daño de lo recordaba, quizá el amor antes paliaba todo.
El viento secaba mis ojos, que no paraban de empañarse, y cada vez dolía más aquello.
Mantenía mi boca entreabierta, parecía que me demostraba a mi misma que todavía seguía viva, que todavía podía lograrlo. Sentía mis dientes pesados sobre mi labio, mi respiración acelerada, y una contrariedad de sentimientos.
Creo que jamás me había encontrado peor.
Nos quedamos callados, sin decir nada, escuchando el mar. Nuestras manos se congelaban, y sentíamos como se paralizaba todo.
Pasamos una eternidad dejando el tiempo pasar, las olas caer, los sentimientos ralentizar, la vida pausar.







- Deja de preocuparte, eso pasa siempre.
- Pasa siempre, ¿y qué? ¿por eso no tengo que hacer nada? ¿por eso tengo que tragarme todo esto?
- ¿Puedes hacer algo?
- No.

Aquello me dolía como un cristal atravesándome el pecho, como una cuerda dejándome sin respiración, como una hemorragia inundándome por dentro, como el frío deteniendo mi vida.Trataba de tragar saliva, de parecer lo más entera posible, de poder sobrellevar que ya nada era lo mismo.

- Bueno, no lo creo.
- A quién no le gustaría poder hacer algo...Pero es lo que tiene esto, ¿verdad?
- Antes todo era más fácil.
- Antes cuando no te enamorabas
- No estoy enamorado
- ¡Qué va!
- Sólo estoy ilusionado, creo que es especial, y me gusta. Me hace sentir algo diferente.


Creo que en ese momento algo dejó de funcionar, algo se murió un poco más dentro de mí.
Es duro saber tan claramente que todo lo que hay en tí no mueve nada dentro de otra persona, y que el problema no es que hagas algo mal, el problema eres tú.


- Tranquilo, yo creo que esa es la gracia, no poder hacer nada.
No saber el daño que te puede llegar a hacer, confiar siempre, ofrecer que te pueda destrozar, exponerte completamente a ella y mientras, esperar que piense en tí tanto como tú en ella, que simplemente valore que estés ahí.
No sé... es una de las cosas que hace que esto tenga gracia, es una de las cosas que hace que estemos orgullosos de sentirlo.
- Daría lo que fuera por saber lo que piensa, lo que siente, poder estar en el lugar que ella quiera, sorprenderla cada vez que lo espere, poder llegar a hacerle sentir la mínima parte de lo que ella hace que yo sienta. Encontrar el momento adecuado, y justo entonces, poder regalarle lo que ella quisiese, acertar siempre. Devolverle todo lo que me da, todo lo bueno que da y ni siquiera sabe.
-  Justo
- ¿Justo?
- Esa es la ventaja de todo esto, que simplemente con ser quien eres ya le estarás dando lo que ella quiere, aunque te equivoques, aunque no estés cuando te necesita, aunque sólo lo intentes, ella te va a querer a tí, y no le hará falta más.

lunes, 13 de junio de 2011

AG

Yo, todavía creo que el amor es una cuestión de decisiones, pero a veces, a pesar de decidir lo mejor que puedes y creer que tomas las mejores decisiones, el destino, termina por ganar. Nunca sabes cual va a ser el día mas importante de tu vida, nunca son como los imaginas, son días normales, que empiezan igual que otro cualquiera, y se convierten en los mas importantes. Nos gusta pensar que no tenemos miedo, que deseamos explorar y conocer, pero siempre estamos aterrorizados, puede que eso sea parte de la atracción que nos mueve. A veces, hasta la mejor de las personas, toma decisiones de las que sabe que se arrepentirá la mañana siguiente, bueno, tal vez no del todo , porque por lo menos sabe que se ha lanzado, aun así, algo en nuestro interior decide hacer esa locura, que sabemos que jugará en nuestra contra, pero la hacemos de todos modos, lo mires por donde lo mires, es un asco, de una forma u otra nos tendremos que enfrentar a nosotros mismos, problemas, que acaban encontrandonos. Bienvenida al juego, ya estas lista para jugar, hay personas a las que nos encanta jugar, tal vez demasiado, aunque la vida no es un juego con público, ganar, perder o empatar no es lo más importante, lo queramos o no, siempre continúa, peléate con el arbitro, haz trampas, tómate un respiro, cambia las reglas y lucha por ganar, pero juega, te dejo hacerlo conmigo, pero te acabaré mordiendo, estas avisado, juega rápido o te acabaré comiendo.