lunes, 2 de noviembre de 2015

You act so innocent now, but you lied so soon

Me parece bonito pensar que hay algo bueno en tí que todavía tengo que descubrir.

Trato de olvidarme de todo esto, porque realmente es una tontería y no paro de construirme una vez tras otra, castillos en el aire. Que cada vez son más grandes y que cada vez están más lejos del suelo.

Todo esto, corre claramente en mi contra, y soy completamente consciente de ello, por eso no quiero pensarlo, y quiero seguir haciéndome creer que todo esto es una historia que puede que tenga final, y quizá, un día de otoño, te acabe confesando todos estos delirios de noches de verano (y otoño).

No quiero acordarme de tí, porque es inútil, y en vano, ni siquiera estas aquí.
Y de verdad, que mi cabeza se esfuerza, pero no puedo luchar contra una vaga esperanza que me das, que siempre son tonterías y esas cosas que de ser al contrario me llamaría ilusa de mierda. 

¿Por qué te empeñas en aparecer cuando estoy empezando a olvidarme de ti?.
Sí lo hicieses a propósito, ten por seguro que te odiaría más de lo que te odio, pero que lo hagas sin querer, me resulta el doble de odioso aún, porque me haces ilusionarme sin quererlo, y estar a las 4 de la mañana pensando en tí. 
Y así nos va...

Ojalá pensases tu también en mi, ojalá no fuese sólo una historia de verano.

Y en mi cabeza, no para de resonar la canción con la que inevitablemente me acuerdo de ti.




"When I met you in the summer,
To my heartbeat sound
We fell in love
As the leaves turned brown.
And we could be together baby
As long as skies are blue,
You act so innocent now
But you lied so soon
When I met you in the summer"


domingo, 18 de octubre de 2015

Para conseguir ralentizar este proceso. Este alzheimer de corazón. - SSNA

Ilusiones que nacen y se apagan.

Momentos que sueñas, fantasías, destellos de luz que parece que llegan, el estómago revuelto.
Algo; dulce, suave, pequeño, que llega lento, muy lento. Algo de color azul marino que parece que se aclara, que parece que no quiere ser.

Llega la desinhibición, el bello de punta, la boca seca, las contracturas en la espalda. Pero lento, llega lento.
Te acaricia, como el viento. Se pasea, como la lluvia cayendo por tus mejillas. Se saborea, agrio, como el limón. Cae, como el tiempo en un reloj de arena. Se pega, como la seda. Desacelera la vida, ralentiza tus pasos, te calma. Baja tu ritmo, tus pulsaciones, tus respiraciones. Calma tu vida.
Es una sensación que ves desde lejos, que parece que llega, que parece que acabará metiéndose dentro, muy dentro. Arraigando en lo más hondo de ti, echando raíces en lo más recóndito de tu ser. Llega de una forma brusca y agresiva, de golpe, sin preaviso, asustándote.

Pero llega tan lento, que se te olvida. No lo recuerdas. Comienzas a olvidar sensaciones, a olvidar sentimientos, a olvidar partes de tu vida.
Te aletargas, te calmas de tal forma que te oxidas por dentro, que te quedas en blanco, que pierdes todo el color.
Te inunda la arena seca, fina, en cualquier rincón de tu cuerpo. No eres más que polvo, algo ligero que puede llevar el viento. No tienes fuerza, estás tan apagado que ya se te ha olvidado.
Duermes, duermes la vida.



Por eso escribo. Para no olvidar, para recordar lo que es estar viva, para inundarme de sentimientos. Para conseguir ralentizar este proceso. Este alzheimer de corazón.

sábado, 10 de octubre de 2015

Puedes pararte a ver tu tranquilidad, tu parte viva, la parte serena que siempre has tenido. - SSNA



Justo en el momento en el que no podamos más, lo podremos todo.

La arena húmeda bajo mis pies, viento norte congelando mis mejillas, un nudo en el estómago y los ojos cerrados. Los ojos cerrados para sentir dolor, dolor que te traspasa, ese dolor nada y a la vez físico. Dolor en mi tripa, dolor en mis pasos, dolor en mis puños cerrados, dolor en lo más hondo de mí, dolor que me consigue cortar la respiración.

Es uno de esos días en los que te ahogas, con tu propia respiración, con tu propia vida. Esos días en los que te sientes tan ahogado que no sabes nadar, y ni siquiera sabes como llegarás a salir a flote. Cuando crees, que llevas unos pesos en los pies que te están hundiendo, y ni tus brazos pretenden hacer nada al respecto, simplemente te dejas caer.

Cada vez que estoy al borde del abismo, me hundo. Me dejo hundir. Me dejo llegar a lo más hondo, a lo más frío, a lo más húmedo, a lo más oscuro, a lo más lúgubre.
Trato de buscar esa sensación tan horrible que me engañe a mi misma, haciéndome creer que ya no puedo sentirme peor, que he conseguido llegar al límite, que ya no puedo soportar más.
Puede compararse con un esguince, sigues forzando hasta que rompe, y cuando rompe piensas que ya has llegado al tope, que no puedes sufrir más, y justo, en ese momento, te desmayas de dolor.
Ahora trazemos una barrera de lo físico a lo emocional.

Me reconforta sentirme hundida, aunque simplemente sea porque sé que saldré a flote. Miro desde la más absoluta oscuridad de mí, el pico, sabiendo que alguna vez estuve ahí, alguna vez fuí lo suficientemente feliz como para no necesitar hundirme, como para no necesitar, en general.
Es en ese momento cuando me doy cuenta de que mi vida ha sido una mentira, que ni siquiera he sido completa y sinceramente feliz, si no simplemente he conseguido autoengañarme a la perfección. Lo cual es totalmente respetable, y me admiro a mi misma viendome desde lejos. Viendo la forma en la que conseguía olvidarme, dar un paso adelante, y simplemente no preocuparme por toda la mierda en la que estaba inmersa, todo aquello deplorable que me rodeaba, todas las mentiras que me hacía, y todo aquello que he callado tanto tiempo.

Cuando estás tan lejos de aquello que antes te suponía la felicidad, puedes verlo.
Puedes pararte a ver tu tranquilidad, tu parte viva, la parte serena que siempre has tenido. Esa facilidad de solo poder hacerte partícipe de las cosas que suman.
Estando aquí. puedes ver todo lo que has ganado a causa de lo que has perdido, todo lo que has hecho mal y de lo que no te has arrepentido, todas las veces que deberías haber estado lejos, y te has quedado dentro.
Eres capaz de evaluar todos tus errores, y eres capaz de ver todo lo que te han beneficiado.


Es, en ese momento, cuando eres capaz de salir de esta mierda, de este fondo en el que estas inmerso. Cuando te das cuenta que la mierda no es esto en lo que estás, la mierda es en lo que has estado siempre pero has valorado de forma superficial. Al fin y al cabo, estar hundido es opcional, solo tú sabes que es estarlo, cuál es tu límite y donde tienes que estar.

Hasta que no aprendemos a valorar, no aprendemos a situarnos.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Cuando empezaron a atormentarme mis continuas crisis de personalidad.



Cuando empezaron a atormentarme mis continuas crisis de personalidad.




Predefinidas.
Fijadas y preestablecidas dos imágenes sobre mi misma, sobre lo que puedo reflejar al exterior.

Estoy formando un mundo acorde con lo que pretendo ser. Un sueño de lo que algún día quisiera ser, un momento o situación insignificantes. Esos dos momentos que recorren mi mente. Tratar de no volver a caer jamás en mi propia mentira.











He tenido toda la vida expectativas de ser quien no soy, y aún las tengo.
Hacer todo lo que esperan de mí, ahogar mis deseos más profundos sólo por complacer. Me he pasado el tiempo estudiando conductas deseadas, tratando de demostrar justo lo que se espera, comprobando modos de ser completa, de ser lo que todo el mundo supone que debo ser. Simplemente formas en las que no volver a tener altibajos nunca más.

No he cesado de buscar soluciones a todos aquellos problemas que ni siquiera aparecieron, ni iban a hacerlo. He buscado soluciones a problemas inexistentes por miedo a volver a sufrir.
Miedo, a permitir volver a hacerme daño. Terror, por volver a sufrir otra crisis.
Durante todo este recorrido no he parado de encontrarme con baches, recaídas, depresiones, humillaciones, bajones, perdiendo peso, perdiendo vitalidad, perdiendo ganas de vivir...Me he hundido cada vez que fallaba, que todos mis cálculos y previsiones no habían servido para nada, cada vez que trataba de alcanzar la cima y llegaba un soplo de aire que me volvía a dejar en el puto suelo. Me machacaba por no conseguir ser perfecta. He llegado a sentirme tan humillada que se me ha borrado completamente la imagen sobre mí. He llegado a sentir asco por ser quien soy, y no se trataba de estar en un cuerpo equivocado, si no de sentirte la persona equivocada.

Muchas veces me he sentido como una balanza, entre las cosas que realmente necesitaba hacer desde mi más absoluto Ego, y todo aquello que esperaban de mí, y creo que antes era mucho más valiente, más segura y realmente más admirable. Tenía la suficiente fuerza y descaro como para saber separar lo que me hace feliz de lo que hace feliz a los demás, y yo puedo darles. Es decir, no tendría que usar una balanza para categorizar mi vida.
Perdí todo lo bueno que tenía en el momento en el que crucé esa línea y decidí que lo bueno para mí era lo bueno que daba a los demás. Me olvidé de mi misma. Olvidé qué era lo que realmente quería y ni siquiera me esforcé por llevar a nadie la contraria, no me llevé la contraria ni en mis propias contradicciones. Me limitaba a hacer todo aquello que el mundo esperaba de mí, todo lo que yo no esperaba de mi misma.

Me esforzaba, en una carrera de fondo en que el mundo cambiara la imagen que tenía sobre mí. Trataba de recuperar la posición perfecta, esa posición que perdí durante tiempo. Exactamente todo el tiempo en el que tomé mis propias decisiones, sin tener en cuenta lo que querían para mí.
Tratar de dar una buena imagen, ser reservada, intervenir lo mínimo posible, educación, respeto, amabilidad, cordura, afabilidad, disposición, reparo, ayuda, aguante, capacidad de respuesta, sensatez, o todo aquello que se alejaba tanto de lo que era. Soporté en silencio todo lo que odiaba.

Traté de reforzarme, dar todo de mí sin pedir nada a cambio, dejar que se apoyasen en mi hombro una y otra vez, estar pendiente de todos los problemas, estados de ánimo...Pero sin pedir jamás que se preocuparan por mí, sin pedir la mínima ayuda, o sin necesitar hablar. Traté de estar pendiente de todo, de hacer lo posible para que se sintieran bien, hacer todas las veces que pude lo que querían o necesitaban, ir a cualquier sitio o hacer cualquier cosa por mucho que lo detestase.

Me esforcé en tratar de conseguir que todo aquello que me rodeaba, fuese tranquilidad.
Entre tantos vagos esfuerzos solo me acordé de mí para buscar a la persona que me proporcionase tranquilidad a mí. Que me diese apoyo y fuese esa razón por la que todo habría merecido la pena. Pero me metí tanto en mí misma, que me olvidé de que en eso del amor también se pueden dar pasos en falso. Ese, fué el momento en el que más me negué a mi misma.

Empecé a recordar, fueron 18 meses los que todo me recordaba a una situación amarga, a algo que no quería volver a vivir. Veía venir problemas, veía venir discusiones, veía venir todo lo malo y todo el daño que podrían hacerme, y no paré de dar pasos hacia atrás, sin darme cuenta de que cuanto más retrocedía más me oscurecía.

miércoles, 24 de junio de 2015

La tranquilidad de tu mirada cuando se dirige a tí - AP








- Venga ya...¡No me jodas! ¿puedes empezar a decir lo que sientes, ser tu misma y decir la verdad de una vez? ¿por qué coño ocultas todo lo que sientes? ¿por qué no te crees ni a tí misma? ¿por qué ni siquiera eres capaz de serte franca? ¡Trata de abrirte de una jodida vez!.
No entiendo nada... ¡Me lías! ¿qué te pasa? ¿Por qué estas así? no te entiendo ¡joder!. Cada día me dices una cosa diferente, verte así me jode, y lo peor de todo es que me estoy dando cuenta de que a mi también me estas volviendo loco.
 
*Silencio*


 - No sé que me pasa, ni siquiera sé si me tiene que pasar algo.
*Silencio*
¡Si quieres te digo lo que quieres escuchar!, ¡estoy loca!, ¡Si, lo estoy!

-  ¡¿No te das cuenta de que sólo quiero ayudarte?!
Al menos, que puedas volver a ser la de antes, volver a estar llena de vida, solo quiero que dejes de morirte por dentro, poco a poco.

-  Cada día me agota más la distancia ¿sabes?
Bueno, ya ni me acuerdo, supongo que me agota porque le necesito, o tengo la rutina de querer verle. He cogido como costumbre pensarle, tenerlo dentro de mí. Ansiarlo. He cogido como vicio necesitarle.
Pero no, no sé por qué le odio tanto cuando le veo, no entiendo por qué tengo que quitarle la cara y mostrarme así. Cada vez que me acerco acabamos discutiendo, odiándonos un poco más, y luego, creo que me enfado porque se ha vuelto a escapar.
A veces me mata lo que dice, y otras, sus palabras me acarician lentamente, incluso el mayor de sus insultos me resulta placentero. Al fin y al cabo, supongo que prefiere meterse un poco más de esa mierda antes que intentar amar, antes que intentar mirarme a la cara, antes que descubrir si sigue sintiendo lo mismo. Porque le duele, le duele igual que a mí, nos duele tanto que preferimos que todo sea pasado, y como pasado, enterrarlo vivo.

- No vivas tu propia mentira, dejarás que te siga comiendo la mierda, la mierda en la que estás. ¡Mírate! ¡Eres una cobarde!

- ¿Por qué?

- Porque enterrar el pasado es ser cobarde.
Eres cobarde simplemente por la manera en que le miras, el brillo que aparece en tus ojos cuando le tienes cerca y la tranquilidad de tu mirada cuando se dirige a tí. Te muerdes el labio cada vez que menciona tu nombre y sólo respiras cuando está contigo. Pero a pesar de todo, no haces nada, te limitas a sufrir, a ahogarte en tu propia mentira.

- ¿Cómo coño ves todo eso?

- Porque me muero cada vez que veo que te pasa eso, porque me pasa lo mismo contigo.