martes, 17 de junio de 2014

"Hoy no tengo frases pa´ decir que desearía que de amar no se olvidara nadie "






...

Como veintidós maneras de romperme el corazón. 
Como tu escote, como el tonto del pichote, 
Como discutir sabiendo que no tengo la razón.

Como el insólito y valiente trapecista que se cuelga de una goma 
Voy a fumar hasta que mi pulmón decida dedicarse a otra cosa. 
Hoy he encontrado cuatrocientos mil motivos para ser 
Buena persona

...
Creo que será mejor marcharme lejos, con la música tocarte, 
Hoy no tengo frases pa´ decir que desearía que de amar no se 
olvidara nadie 

...
Voy a guardar en un cajón lo que me haces 
Prometo masturbarme sólo cuando tú me faltes 
Que siempre tuve la intención, me falto el arte 
Que nunca supe cómo hacer pa´ que el dolor no amargue 



"Como un idiota"

sábado, 15 de septiembre de 2012

Desde entonces nuestra forma de decir te quiero, fue dar las gracias - LPDDC





















Es esa sensación pura, indescriptible, llena de sentimiento, cargada de recuerdos. Esa sensación que te quema por dentro.


















No podría haber salido con mayor fuerza aquel día, sentía que tenía que hacer algo, que era incapaz de quedarme en el sitio, que debía salir. Debía salir a por él.
Sentía un cúmulo de sentimientos a punto de explotar en mi interior, tenía la angustia a flor de piel, y era incapaz de contenerme un sólo minuto más. No podía parar quieta, me agobiaba, me ansiaba, me mataba quedarme parada, estática, sin hacer nada, sin luchar, sin buscar lo que quería, quedarme esperando, dejarlo pasar, aparentar tranquilidad, no querer, no necesitar...Tenía que ir a por ello.

Era incapaz de parar de mirar el reloj, el móvil, la ventana de mi coche. El reloj, el móvil, la ventana, reloj, móvil, ventana, reloj, móvil, ventana, reloj móvil ventana...
Era incapaz de seguir sin hacer nada, de quedarme a expensas de lo que podía pasar, no podía contenerme más, sentía que aquella espera me estaba matando por dentro, y es que no podéis imaginaros lo que sentía, no podría explicarlo, pero me moría de ganas de verle.
¿Sabéis hasta que punto me refiero?, me refiero a no poder aguantar, a ser incapaz de seguir respirando porque sientes que es tu vida lo que corre peligro, tu integridad física y mental, que tienes la jodida necesidad de verle, de sentirle, simplemente de escuchar su respiración, sencillamente tenía ganas incluso de saber que seguía vivo. Pero tenía que verle.
Jamás me podre olvidar de esa sensación, y parece imposible llegar a vivirlo en tus propias carnes, y me llamaréis loca o exagerada, pero no eres consciente de esa necesidad hasta que lo vives, y una vez vivido, aprendido.

Llegados a este punto sólo se me ocurrió salir corriendo a por él, no tenía nada más en mi cabeza, sólo poder verle, sólo poder tenerle cerca, tocarle, sentirle, saber que está vivo, que está a mi lado, ni siquiera en ese momento necesitaba sentir que aquello era recíproco, con sentirle me bastaba, con poder besarle, con poder estar con él, era cuestión de prioridades.

En aquel momento me sentía sola corriendo por el medio de la carretera, sentía que cada vez necesitaba más verle, y cada vez tenía más ganas de hacerlo, mi respiración se aceleraba y digamos que pude llegar a sentir incluso miedo por no encontrarle. Mis piernas se tensaban, no daban más de sí, me dolían los tobillos, me quedaba sin respiración, no veía con las lágrimas. No podía parar, no me dejaba mi cabeza, aunque quisiera no podía parar de correr.
Hacía daño, pero era el sentimiento más maravilloso de este mundo.

En ese momento, en el que llegué, seguía llorando, y no podía dejar de hacerlo. Pero fué, cuando él mismo me abrió la puerta, cuando volví a respirar.
Ni siquiera su cara de preocupación por verme así, me cohibió, ni si quiera le di tiempo a que me preguntara nada, solo le besé, haciendo que mis lágrimas recorriesen también sus mejillas, y me separé.
Me quedé parada mirándole, con los ojos empañados sin moverme, me quedé completamente paralizada, no era capaz de hacer otra cosa, era como si algo dentro de mi no funcionase, com si me fuese a morir allí mismo, como si me fuese a quedar así para siempre, como si al devolverme la respiración me hubiese dado el último suspiro.

No entendió nada. No sabía qué hacer, creía que me estaba pasando algo malo, estaba nervioso, no podía parar de preguntarme cosas, estaba angustiado y entre toda aquella desesperación sólo me abrazó. Me abrazó y me pidió que no le hiciera eso.

Como si se fuera a acabar el mundo, como si nunca más nos volviéramos a ver, me abrazó con tanta ternura que llegué a pensar que era un nuevo sentimiento desconocido, me recogió entre sus brazos, me hizo sentir que estaba a salvo, que estábamos solos en el mundo y que era imposible tener miedo, que podría estar ahí para siempre y que nada podría derrumbarnos, sentí que eramos fuertes, que sobreviríamos hasta a una guerra nuclear, que nada ni nadie conseguiría separarnos, que aquello era único y no querría perderlo por nada del mundo.

Sentía pena y dolor, sentía rabia y tristeza. Pero reaccioné, le miré y le di las gracias, sólo eso.
Me dió el beso más dulce que jamás me hallan dado en la frente, y me miró fijamente.
Ninguno de los dos decíamos nada pero supongo que sentíamos lo mismo, creo que mis ojos gritaban todo lo que le quería y que no le quería perder jamás, que me pasaría horas mirándole y no hay tiempo en nuestras vidas suficiente para que me canse de sus caricias, que si estoy con él todo es posible y no sólo por lo que me hace sentir, si no por cómo soy gracias a él.















Desde entonces nuestra forma de decir te quiero, fue dar las gracias. Y  creo que sobra darte las gracias, pero repetirlo nunca está de más. A pesar de todo, te quiero.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

No para hundirnos más, si no por necesidad - SSNA





Sin embargo, y aunque el verano se vaya para dar comienzo a la época más acogedora del año, mi fuerza y mi valentía casi han dejado de luchar.


Siempre hay momentos duros por los que tenemos que pasar, todas estas malas rachas que auguran la calma.
La esperanza es la causa principal que nos mantiene vivos. Vivimos esperanzados, buscando ese pequeño rayo de sol que nos ilumine el día y que sea suficiente para hacer frente a la triste realidad en la que nos toca vivir. No lo niego, las desgracias están a pie de calle, y la amargura acecha entre la niebla mañanera, pero creo, que hemos aprendido a convivir con ello.
Jamás pierdo la esperanza, porque será lo único que me lleve a la tumba. Una vez desaparezca mi esperanza, lo haré con ella para siempre, no sabría vivir si no es con ella. Al fin y al cabo, supongo que todos tenemos un poco de fé.


Este mes de Septiembre parecía suponer el comienzo de muchas cosas nuevas. Parecía que el viento iba a traernos un aire nuevo a respirar, que el sol brillaría de una forma especial.
Mi esperanza durante este comienzo había sido encontrar ese aire puro, esa dosis de vida que mi cuerpo necesitaba, ese movimiento nuevo que iba a descubrir mi cuerpo...Pero no lo encontré.




El problema, está en que escribo para hacer frente a tanto dolor que me come por dentro, a la falta de esperanza. Y esto, es un asco. Esto de escribir sólo cuando no encuentras otra salida, cuando ya no sabes que hacer para deshacerte de toda esa rabia e impotencia. Por no poder hacer más, por no saber que hacer, por haber perdido casi toda tu esencia, por sentirte vacía y no saber cómo ni qué puede llenarte, por desconocer, por completo.

Es frustración, por pasarte horas y horas pensando cómo superarte, cómo seguir caminando firme, cómo no perderte y cómo hacer frente a todo lo que todavía vendrá. Presiento que aún estoy lejos de mi punto de inflexión, y sólo veo que me voy quedando sin voz y sin valor para hablar.
Siento que ya no tengo ganas de ver la realidad, que estoy perdiendo esas ganas de luchar.
Lo peor de vivir a ciegas y apenas con esperanza, es que sueles acabar perdiendo, y eso, es lo que más nos duele, que no llegue al fin la calma. Creo que ni siquiera mis lágrimas quieren salir, que prefieren quedarse ahí, simplemente seguir sintiéndose ellas fuertes, ya que yo no consigo hacerlo por mi misma.

Supongo que algunas veces necesitamos estar tristes, y escribir sobre tristeza. No para hundirnos más, si no por necesidad. 

martes, 15 de mayo de 2012

Decimosexta correspondencia - AP


Cuando se hace duro el anhelo, cuando la obligación de sentirme triste comenzó a tintar mis cartas, sus recuerdos.



Querido;

Siento la tardanza de esta carta, quizá me entretuve regando los girasoles que dejaste, o bueno, con cualquier otra labor que implique seguir manteniéndote vivo dentro de mí.

Esta vez, quería simplemente decirte que te echo de menos, que a pesar de que no llegues a leer esto, te extraño. No te echo de menos como algo que he dejado de hacer, ni te echo de menos como algo que ya no tengo, te echo de menos porque aunque sigas formando parte de mí, ya no estás.

Echo de menos tu sonrisa al levantarme, tus besos en la frente, o los abrazos cuando tengo frío, pero además de esas cosas que físicamente ya no puedo tener, me falta tu comprensión, cariño, lealtad, sinceridad, apoyo.... me faltas tú, aquí, conmigo.

Y quiero que sepas, que no he dejado de pensar en tí, ni siquiera mientras pinto o busco tu nombre uniendo las chapas de latas de refrescos, no he dejado de pensarte, porque siento que todavía estás aquí, que nunca te has ido del todo, y que has dejado un pedacito de tí conmigo para que no me sienta tan sola.

Te lo agradezco, pues sin ello, la sonrisa que me sale al pensar en tí no sería tan brillante. pero ¡basta!
No sólo has sido un buen compañero en este viaje, no sólo he vivido contigo los mejores momentos de mi vida, no sólo me has enseñado cómo vivir, no sólo me has contagiado tu felicidad o me has enseñado a cantarle a los problemas, no sólo has sido perfecto, has sido mucho más y soy completamente consciente de que jamás podré recompensarte.

Siento que te entristezcas al leer estas palabras, sé, de primera mano, que nunca es fácil despedirse y que conmigo siempre te ha costado, pero he comprendido, por primera vez sin tí, que ya no me puedes ayudar, que ya no me puedes dar la mano para que cruce, para que atraviese los obstáculos, y tampoco me puedes levantar cuando me caiga, ya no puedes ayudarme en esta vida mía, ya no puedes, porque te has ido.


Sólo pretendo desearte, de corazón, que le des lo mejor de tí mismo allá donde estés. Pero espero que jamás me olvides, porque se me hará más cuesta arriba, pensar que no te tengo y tu no quieres tenerme.


PD: Cuídate. No dejes que en tu nueva vida, la enfermedad, vuelva a alejarte de nuevo de más gente a la que quieres, no dejes que rompa todos tus sueños e ilusiones, trata de entender que nosotros sólo hemos tratado de devolverte la ayuda que nos has dado.
Y sobre todo, espero que cuando me vaya contigo me estés esperando, para enseñarme como es eso, para llenarme de vida de nuevo, y para dedicarme un poco de tus nuevos sueños.

lunes, 30 de abril de 2012

DM

 - ¿Por qué siempre haces lo mismo?
 - ¿El qué?
 - Huir sin decir nada.
 - ¿Y tú, por qué me sigues si estoy huyendo?


domingo, 5 de febrero de 2012

Tratas de hacer que no necesite necesitar. Tratas de hacer que pueda estar sola, pero contigo. - DM.7





Esa sensación que se me atraganta en la garganta.

Es un: no sé si quiero, pero puedo.
Busco, y busco, esas cosas con las que seguir engañándome y mantener los sentimientos tras la línea que no deben cruzar. Contenerme porque me obligas, luchar contra mi misma, haciendo que crezca la necesidad de ahogar toda aquella sensación que trate de aflorar. Que haga que no deje de borrar cada frase que escribo, que no deje de mantenerme en silencio cuando tengo ganas de gritar.
Me haces que trate de ser más fuerte de lo que soy. Menos susceptible. Menos humana.
Haces que no tenga la necesidad de perderme, que no tenga la necesidad de que me ayudes. Intentas
hacer que me sienta bien conmigo misma, que no sea inútil.

Tratas de hacer que no necesite necesitar. Tratas de hacer que pueda estar sola, pero contigo.

Al final, lo que pasa, es que no sé qué pensar. Si todo esto que hago por tí es miedo a la realidad, a enfrentarme a ella. A enfrentarme a lo que me pides, a lo que quieres que sea, a lo que realmente no soy.

Ya no tengo el control, y es que ya no se estar bien ni contigo ni sin tí.

No quiero que te vayas, ¡joder!, y como no quiero que te vayas, yo me voy lejos, lo más lejos que puedo, a donde poder estar sola, en silencio, escuchando el viento. Sigo tratando de poner la mente en blanco, y evadirme de todo esto que ya no sé si es un sueño o una pesadilla.
Trato de buscar aquella razón por la que la cordura pueda volver a adueñarse de mi, pero no encuentro nada, y me pierdo en mis propios pensamientos, y considero una tortura este dolor que ni siquiera tiene nombre. Porque no sé por qué quiero sufrir, por que quiero seguir con esta mentira, esta mentira que soy, esta mentira que me haces ser.

Te pienso vagamente, pienso en la razón por la que lo hago, pero no la encuentro. Me machaco a mí misma, queriendo pensar que lo haces por mi. Por hacerme la mujer fuerte de la que quieres enamorarte.
Pero no te das cuenta de que te estarías enamorando de una mentira.

¿Por qué no me das razones para quedarme? para seguir adelante. ¿Por qué estas dejando que me vuelva loca? ¿Por qué estas dejando que me desgaste pensando que puedo tener con una fuerza y energía inhumana?. ¿Me llenas de sacrificio e ilusiones inexistentes? ¿por qué tratas de engañarme y hacerme creer? ¿por qué me estas enganchando con toda esta mierda?.

Me estas matando cada vez que me ignoras, me estas matando porque haces que me dé cuenta de que me gusta. Me gusta que no me hables, que me respondas así, que tardes más de dos horas en contestarme, cada día que no me dices algo bonito, cada día que no me hablas y te ríes, cada día que pasas de mí, cada día que me obvias, te siento más cerca.
Cada vez que me mandas a la mierda te quiero tener más cerca. Lo más hondo de mí no se da cuenta, de que cada vez que aparece alguien como tú, toda esa fuerza de voluntad no vale.

Sólo quiero pedirte que jamás te vayas de mi lado, porque ya sabes que nunca te voy a pedir que te quedes. Que cuando te digo "Adiós", lo que realmente digo, es: "¿cuándo te volveré a ver?" .

viernes, 9 de diciembre de 2011

En ese momento, grité con todas mis fuerzas " ¡MANDARINA! - DM.7



Son todo un cúmulo de dulces mentiras.

Recuerdos que amargan la existencia. Simplemente porque fueron lo mejor del nuestro mundillo.
Una cruz, una camiseta de los Chicago Bulls y una sonrisa.

Allí, la mañana sonreía ante nuestra cama de una manera especial. Jamás había visto una mañana tan resplandeciente, un despertar tan brillamte. Jamás abrí los ojos gracias a un beso tan tierno en la frente.
El color vivo que tenía nuestra habitación, junto con los pequeños rayos del sol que conseguían atravesar aquella persiana medio abierta. Aquella persiana que nos proporcionaba la luz suficiente para no poder dejar de mirarnos, para no dejar de darnos aire que respirar. Aquella situación tan enternecedora, tan perfecta que me producía repugnancia al recordarme a viejas historias de cuento de hadas. Viejas historias, pero nuestras,

Al abrir los ojos recuerdo ver una cruz, una cruz que colgaba de tu cuello. Su sombra se reflejaba sobre tí. Esbocé una sonrisa y bajé la mirada para vernos aún enrollados en aquellas blancas sábanas. Fue el primer silencio de mi vida que me parecio absolutamente perfecto.
Subí de nuevo la mirada, sin dejar mi sonrisa a un lado, y te miré, con esa cara de niño astuto y bueno que nunca pudiste quitar.

No sonreías, me mirabas con la cabeza ligeramente girada y parecía que ibas a llorar.
Me mordí el labio inferior, con la esperanza de encontrar alguna respuesta que me quitara esa incertidumbre que me producías. Me dejé caer sobre la cama, miré fijamente al techo y me empecé a reír como una loca, pensando que eso no podía estar pasando, que yo, el desastre y la irracionalidad personificadas, no podía estar ese lugar, en ese momento y con ese chico.

Empecé a reirme más fuerte aún, pensando que mi vida era una locura, que estaba trastornada y nada tenía sentido, creía que seguir con aquello era una estúpida tontería que me encantaba vivir, que aquella sensación de tener una niña dentro que no puede volver a esconderse, era fantástica y que me repugnaba no poder sacar de mi cabeza tales adjetivos tan asquerosos y empalagosos, no poder aguantar gritarte que te quiero.

Paré de reirme y te miré, me seguías mirando pero esta vez, incrédulo, me mirabas y sonreías pero tenías esa cara de ' por qué le habré hecho caso', en ese momento fue cuando me acerqué a tí, y me coloqué suavemente encima tuyo apoyando mis manos sobre tí y te miré, estabas bajo mi poder, y me sentía muy poderosa en aquel momento, frunciendo el ceño giré la cabeza.

Que sueño tan dulce, dulce....como la parte más dulce de la parte más dulce del postre de mi abuela. En ese momento, grité con todas mis fuerzas " ¡MANDARINA!" y entonces, te empezaste a reir. Paraste solamente para tirarme de la camiseta de tirantes hacia tí y darme el primer buen beso de la mañana.

"Buenos días, pequeña" , la mujer más feliz del mundo le da las gracias hasta al espíritu santo por haberme dado a este hombre tan perfecto ¡COÑO!. A partir de ahí todo fue lo especial del día, los mejores buenos días que me habían dado hasta el momento, acompañados de sus besos y caricias.
Una frase " Joder, y pensar que estas cosas sólo pasan una vez en la vida", te quiero.



PD: Azul aguamarina