Con menos verdad también lo hubiera conseguido
lunes, 31 de octubre de 2011
sábado, 29 de octubre de 2011
Cuando juegues contra todo pronóstico, asumiendo consecuencias, te harás daño - Veintiquince - SSNA
Ni duele ni mata.
No te creas que lloro por las esquinas, que no soy fuerte, que he perdido la esperanza, que ya nada me importa, que sufro por cada palabra que escribo, que no duermo por las noches o que estoy enamorada de ti.
Simplemente, te odio con ternura y malgasto el tiempo con pequeños juegos que me encantan y me llenan de ilusión. "Cuando quiera volver, volverá", y no lo digo yo, lo dice mi sentido común.
Ni te espero, ni busco una respuesta diferente por tu parte. Sé que eres igual que todos, que cuando las cosas se ponen serias te vas corriendo, que cuando deja de ser un juego quieres dejar de jugar para ir a merendar y jugar a otro juego. No busco algo nuevo, que seas diferente, que todo lo que me decías fuera verdad, o tus besos sinceros, porque tengo claro que no lo son, y no me importa.
Pretendes ser especial, pero no me importa que no lo seas, tengo asumido que lo que te gusta es ser lo que eres y alguien como yo no va a cambiar esa apariencia de intocable.
Puedo decirte que no lo eres, y que no he sido yo la que te ha cambiado, eres tú el que intenta cambiarse con todos esos escudos. Tranquilo, pensé que podría ser diferente pero porque el tiempo está cambiando, igual algo te hacía cambiar.
No me has decepcionado, simplemente no me has sorprendido.
Te deseo muy sinceramente lo mejor, pero yo no quiero seguir jugando un mes más a tu juego, porque no soy un experimento, y cuando uno se lo toma en serio, contigo nunca salen las cosas bien. No voy a esperar a que tu quieras dejar de jugar, es egoísta pero hace tiempo me propuse no volver a hacerme daño, a recordar el dolor o recordar que es querer hasta que duele no hacerlo.
Siento dejar el juego a medias, y ser la que tira la toalla. Pero no juego contra cobardes, ni contra hombres que se tienen miedo incluso a sí mismos, incluso a lo que no pueden llegar a controlar.
No juego contra aquellos que me tienen miedo, que tienen miedo de que sea diferente, que llegue a desarmarles, a quitarles sus escudos, que llegue a ser mejor que ellos jugando.
Cuando juegues contra todo pronóstico, asumiendo consecuencias, te harás daño, pero tanto tú, como yo, acabaremos siendo felices de una vez por todas.
viernes, 21 de octubre de 2011
La debilidad es sólo sed de venganza atrofiada. Sufrir es legítimo, y sentir esto también. - AP2
No me duele, no.
Me mata de celos y desesperación, me consume por dentro y me engorda. Alimenta mi ira inversamente proporcional a mi paciencia, revienta los límites de mi tensión arterial, se me cargan esos puntos delicados de la columna vertebral, se contraen mis músculos como piedras, y no puedo evitar odiarte cada día un poco más.
Vago neurótica por esta primavera, controlándome a mi misma para no recordar ni ser consciente de la realidad. Aguantarme, morderme la lengua y respirar hondo, cerrar los ojos tan fuerte como mis garras y tratar de no derramar ni una lágrima de nuevo por ti, o por la rabia que me deja totalmente anulada. Guardando todas estas fuerzas que me creas y escondiendo lo que quiere salir, como un volcán en su punto exacto. Consolándome (engañándome) y tratando de evitar una guerra nuclear, preparándome mentalmente para atacar en cuanto sea posible, porque la esperanza es lo único que calma a las fieras. El momento en el que cualquiera baje la guardia y me haga irremediablemente vencedora, consiguiendo la valentía suficiente para seguir soportando todo este dolor que llevo dentro y que mi orgullo no deja caer. Acumulando odio, rabia y frustración diariamente.

Mientras tanto, avísale.
Adviértele de todo lo que sabes sobre mí, al fin y al cabo para tu desgracia, me conoces demasiado bien, y no sólo a mí, si no todo lo que viene conmigo, (y todo lo que has causado en mí). Dile que tenga cuidado, que soy completamente impredecible, que te recuerdo a un Miura en mi más absoluto grado de cólera. Dile que te guarde bien y te haga caso, que no te descuide y te deje solo, porque cualquier cosa me serviría como excusa, de una botella de agua puedo hacer un puto río si me beneficia.
Pero cuídala tú también a ella, estás demasiado atontado y no te das cuenta de zorras como yo que la rondan, porque no soy la única a la que provoca. Adviértele de que ya no soy un encanto, muy a mi pesar. Ni siquiera soy lo suficientemente previsible como para que pueda estar mínimamente preparada, estoy jodidamente loca, recuerda que eso era lo que más te gustaba de mí.
La debilidad es sólo sed de venganza atrofiada. Sufrir es legítimo, y sentir esto también.
Probablemente me arrepienta toda la vida de cada palabra que escupo, como de casi todo lo que hago, porque el alcohol y mi impulsividad nunca fueron buenos compañeros, porque nunca sé si es mejor pecar de gilipollas o de amargada.
Me provoca hasta el límite, y sabes que soy puro nervio. Me provoca hasta que pueda reventar y demostrarte que todas tus razones no eran infundadas, que tu opción siempre fue la correcta, que no hay nada que me salve y que ya no merece la pena dar nada por mí. ¿Por qué la dejas que trate de llevarme al límite una y otra vez?, ¿por qué le consientes todas esas chiquilladas que sabes que me provocan?, ¿por qué ya no me piensas ni lo poco que me hace falta para recobrar un poco de cordura?...
En el fondo creo que sí, que tienes razón y ya no merece la pena. Me he pasado tanto, que en tu lugar nadie cuerdo daría un mísero duro por mí, pero eso es de cobardes, justo de lo que nunca presumiste ser. Tu cobardía me demuestra que tú tampoco mereces la pena ya, y eso, es justo lo que ella nunca entenderá. Que agua pasada no mueve molinos.
Sé que bajo esa sonrisa de corderillo se esconde otra puta loca como yo, porque no somos tan diferentes, y ciertamente esa es la idea que más me repugna. No pretendo demostrarlo ni ahora ni nunca, ni siquiera se merece un mínimo halago como el de parecerse en algo a mí, quizá mi victoria se base en eso, en que te des cuenta de que has cambiado el hambre por las ganas de comer.
Me engaño mucho, ya lo sabes, pero no la engañes tú a ella. Sabes que me gusta jugar a ganar y que quizá pierda, de nuevo, pero me encanta luchar entre fieras y sé, sin lugar a duda, que puedo rugir como ninguna.
Cuida un poquito más a este dolorido corazón que sólo te pide comprensión, y pídele que reprima su rechazo si no quiere acabar con su ego bajo la suela de mi zapato.
Ya sabes, que cuando hay que jugar,
si no gano, empato.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
martes, 30 de agosto de 2011
"Si no tienes problemas ven a conocerlos conmigo" - DM.6
Porque parece, que entre un puñado de nervios incesantes aparece el amor. E irremediablemente es lo único que calma.
No es ese amor verdadero, puro, limpio, y lleno de estabilidad. Ese amor dulce, que sólo puede traer paz consigo.
Es ese amor brusco y sin sentido, el que también me calma.
Todo empieza con la sensación;
"casi todo lo que digas, y la forma en que lo digas no importa ".
Cuando empezamos a volver juntos de madrugada para que me gritaras sin querer esas cosas sin sentido. Cuando empecé a temer que intentas convencerme otra vez para darme un beso acompañado de todo lo que me hace salir corriendo.
Cuando conseguiste hacer que no saliera corriendo de tí, que la formalidad no me aterrorizase.
Cuando conseguiste hacer que no saliera corriendo de tí, que la formalidad no me aterrorizase.
Es entonces, cuando me doy cuenta de que no puedo parar de pensar en que estamos demasiado perdidos.
"Si no tienes problemas ven a conocerlos conmigo"
La frase que siempre me dijiste que debería tatuarme, marcarme a fuego, fijarla en lo más hondo de mí. Dijiste que jamás nadie diría una frase que me definiese más, jamás nadie diría tanta verdad en una sola frase. Nunca encontraría nada en el mundo que fuera más mío que esas ocho palabras.
Podría ahogarte a perdones, pero si de verdad crees o sigues creyendo, aunque sólo sea un poco, que vale la pena echar a perder todo lo que has vivido, la madurez que tienes, todo lo que te ha hecho persona, todo lo bueno que tienes, lo que eres. Echar a perder tu vida sólo por estar conmigo, pero te lo agradeceré toda la vida, porque la cordura llegó contigo, y nunca pensé que podría llegar a sentirme tan cómoda en ella.
Sé mejor que cualquiera que no todo el mundo estaría dispuesto a apostar por mí, una vez he fallado. Apostar por alguien ya es difícil, pero apostar a ciegas, contra todo pronóstico y con un 78% de posibilidades de salir perdiendo, es una jodida y completa mierda.
Sé mejor que cualquiera que no todo el mundo estaría dispuesto a apostar por mí, una vez he fallado. Apostar por alguien ya es difícil, pero apostar a ciegas, contra todo pronóstico y con un 78% de posibilidades de salir perdiendo, es una jodida y completa mierda.
Ya sabes que no encontrarás nada de lo que buscas, pero es lo que lo hace especial, lo que alimenta el riesgo que hace que tengas tantas ganas de salir escaldado. Sabes que nunca seré la novia perfecta, y no digo para tus padres, si no para ti otra vez. No tengo nada de lo que tiene la princesa que siempre soñaste, pero tu tampoco fuiste nunca ese ogro que buscaba.
Me encantaría que dieras el paso a pesar de todo, ¿para qué nos vamos a engañar?, que lo dieras de nuevo contra todo pronóstico, asumiendo consecuencias y sabiendo cómo soy, que volvieras a apostar una última vez por mí, que gastases tu útima bala. Simplemente por el morbo de que te llamen loco al cruzar la calle, por que te señalen por el dedo por haber perdido contra mí otra vez.
Sólo pretendo cumplir alguna tontería contigo, alguna que otra que se nos ha quedado en el tintero. Ya sabes, esas cosas que tengo metidas en mi tarrito de sueños a cumplir contigo.
Sólo pretendo cumplir alguna tontería contigo, alguna que otra que se nos ha quedado en el tintero. Ya sabes, esas cosas que tengo metidas en mi tarrito de sueños a cumplir contigo.
1. Hablarnos con la mirada. Conseguir decirnos la mayor guarrada del mundo en el restaurante más silencioso del planeta. Simplemente con mirarnos.
2. Conseguir, que cuando no veas la salida, te la inventes conmigo. Una salida de emergencia.
3. Luchar entre cabeza-corazón, para equilibrarnos. Tratar de llegar a sentirnos tan equilibrados, que intercambiemos corazón por cabeza y viceversa, y al revés, y cabeza-corazón otra vez.
4. Morirnos de los nervios antes de vernos, porque estamos demasiado enfadados para soportarnos. Siempre. Incluso con 70 años. Tener nervios por verte ganando el puto mejor campeonato de petanca de viejas glorias y que no te vengas a tomar un chinchón conmigo y vayas con tus amigos aprostáticos.
5. Darnos esos besos comunes, que se dan por agradecerte que me sonrías a veces. Pero darlos tan tiernos que nos pregunten si nos vamos a despedir para toda la vida, como si te fueras a la guerra y a mi me internasen en un convento.
6. Que la normalidad, sea nuestra asignatura pendiente toda la vida.
7. Soñar juntos. Soñar que somos grandes, que volamos, que somos invencibles. Lo insignificante del mundo porque nosotros dos lo tenemos todo, porque somos lo suficientemente grandes juntos como para reírnos y provocar otro terremoto en Valdivia.
8. Discutir diariamente, hasta agotarnos, hasta quedarnos sin voz. Reconciliarnos diariamente, y que nos tengan que amputar las cuerdas vocales definitivamente. Hacerlo todo siempre con intensidad.
9. Conseguir tener un desajuste hormonal por toda la adrenalina que nos producimos, por todos los altibajos que nos provocamos, por todos los psicólogos que se harán de oro a nuestra costa, porque Kleenex llevará nuestros apellidos como si cada paquete fuera hijo nuestro.
10. Envejecer. ¿Te imaginas dos locos viejos? podríamos hacer cualquier sinverguencería y sería mucho más grande. Nadie se espera que unos viejitos sean unos jodidos canallas.
22. Atreverte. A todo. A nada. A mí de nuevo.
lunes, 1 de agosto de 2011
Perdiendo el orden de los hechos, pero el sentido de mi orden - TC.16

Brindemos pequeños, porque todo es suficiente cuando eres realmente feliz.
Realidad sobre un confrontamiento con un lienzo y una cerveza. Lo más real sobre mí, siendo finalmente representado;
Cuatro amores que pelean por aparecer sobre el lienzo de mi vida.
Que tontería, ¿verdad?.
Me sorpremde encontrarme de una vez por todas con algo sobre mí misma.
Es un reto, tener que pintar por primera vez algo que tengo dentro, algo que es completamente mío. Algo que mi alma estaba gritando, que mis manos siempre quisieron hacer. Algo que siempre quiso salir de mí, pero que nunca se enfrentó a la realidad.
Me enfrenté a mi vida en blanco. Me paré frente a aquel cuadro en blanco, aquello que me estaba esperando. Pretendía sacar algo de mí.
Empecé a pintar el primero. Siempre he sido muy obsesiva con el orden, lo correcto, las correlaciones, lo que siempre es más lógico, y no podría haber empezado de otra forma sin ser fiel a mi.
Escogí el color rojo, tonalidades naranjas, escamas, y muchas líneas, gordas y fuertes. Con un solo punto. Y en medio, de repente, blanco.
Resultó ser el más efusivo e intenso. Ese primer amor. Amor que agota y aprieta, amor que te ahoga y no deja de hacerlo. Un amor duro y violento, fuerte y fugaz. Nos queríamos en exceso, de eso no cabe duda. Hubiera dado mi vida por él. Me consumía, y eso dañaba a nuestra inexperiencia.
Jamás conocí un amor que doliese tanto, que no pudiese dejar de tener presente.
Dejamos de querernos cuando desaparecimos por completo de la vida del otro, cuando cualquier recuerdo era convertido en un espacio en blanco. Cuando decidimos que las medias tintas era duras. Que solo la ausencia nos sanaría, que sólo el desconocimiento nos haría volver a recobrar la cordura. El color rojo no es por la pasión, si no por la sangre derramada. Incluso para olvidarnos.
El segundo en aparecer, (perdiendo el orden de los hechos, pero el sentido de mi orden), fue un gris, gris perla, gris oscuro, sucio, con algo negro. Garras, líneas en zig-zag, un borrón. Líneas irregulares, nada de sentido.
Este, estaba dotado de pasión y risas. De sexo y deseo, de orgullo y manías.
No podíamos dejar de vernos, éramos incapaces de hablar sin sonreír, éramos seres insaciables con nosotros mismos. Animales llenos de rabia.
Reconocíamos que aquello fuera similar a la droga y nos encantaba. Buscábamos respuestas no verbales, buscábamos desgastarnos. Desgastarnos tanto que llegásemos a desaparecer. Tanto deseo hubo derramado, que al final no supimos ver más allá. No pudimos hacer nada bonito. No pudimos construír nada entre los dos.
Lo que provoca, y siempre provocará, que la tensión sexual no haya desaparecido. Que todavía no nos hayamos cansado.
Para este, el color era sin duda el gris. Era el gris porque pasábamos los dos una época amarga, tratamos de consolarnos el uno al otro sin ahondar en nada, tratanto de aclarar ese negro que nos conoció, tratando de llegar más allá del gris. Pero solo conseguimos hacer un borrón.
El tercero, fue mi niño. Como niño, su color era el azul. Verde agua marina, o azul. Algo claro y a la vez oscuro, algo que me producía felicidad y amargura. Ese azul que calma, como el mar, y ese verde que no debería estar.
Era completamente imperfecto, y me encantaban esas cosas que se alejaban tanto de la perfección. Sus dulces momentos y miradas, aquellas pequeñas cosas que hacían que quisiera tenerle conmigo toda la noche. Era esa relación que todo el mundo quiere, era tranquilidad y felicidad.
No me engaño, su dulcura provocaba que al fin, me sintiese bien. Era tan bonito, que no podía parar de quererle. Era tan dulce como un niño.
Aún así, entre nosotros había puro fuego permanentemente, una bomba por explotar, el frío de la antártida y el rojo vivo del interior terrestre. Siempre nos echamos de menos, incluso sin conocernos, nos proporcionábamos paz. Creo que llegué a pensar que sería el perfecto padre para mis hijos, mi perfecto compañero de viaje. Era tan bueno que me asustaba que estuviese conmigo. Me asustaba no estar a la altura, no poder devolverle tanto cariño.
Simplemente con mirarnos, estábamos tranquilos. Porque la calma era estar a su lado. El equilibrio era él.
Creo, que incluso después de que terminase todo, queríamos volver a vernos. Queríamos que volviese la paz. Nuestro problema fue el orgullo, demasiado orgullo.
El último, es un color amarillo sin duda. Ese color que destaca, que molesta, que no pega, que no tendría que estar. Geométrico.
Apareció en un momento plano. En cuanto menos me lo esperaba, sin querer. Nunca me hice a la idea de que podría llegar a ser algo tan grande. Nunca quise asumir que pudiese llegar a importarme tanto.
Me ha llegado ha marcar tanto, que ni siquiera puedo decir nada, que ni siquiera tengo voz después de tanto tiempo. Es uno de esos silencios que molestan y se notan.
No podría decir nada, porque no soy capaz. No soy capaz a hablar sobre ello.
martes, 26 de julio de 2011
Besarte, como si siempre fuera la primera vez. - DM.5
Revivir una búsqueda de sentimientos completamente perdida. Sensibilidad por necesidad.
Me gustaría encontrarle.
Encontrar esa parte suya que siempre quise, esa sensación que tanta falta me hace ahora. Necesito dejar de verle como rutina, mantenerme viva con la lucha por no perderle, porque nunca necesité nada más, ni siquiera necesité dejar de ser presa de esta sensación. Pero sería tan estúpido como lo es, odiar que me quiera tan bien como lo hace.
Encontrar esa parte suya que siempre quise, esa sensación que tanta falta me hace ahora. Necesito dejar de verle como rutina, mantenerme viva con la lucha por no perderle, porque nunca necesité nada más, ni siquiera necesité dejar de ser presa de esta sensación. Pero sería tan estúpido como lo es, odiar que me quiera tan bien como lo hace.
Era tan bonito cuando nos hacíamos daño al querernos, cuando éramos ese amor tan puro. El que duele.
Cuando la rutina era besar a escondidas, en las esquinas, como si fuera el último día que lo fuéramos hacer. Manteniendo el secreto, para alimentar el riesgo. Vernos muy rápido, tan rápido que ni siquiera podíamos recordar, como si nos agotásemos.
Derramar pasión en las paredes que tocábamos, deseo en cada una de las farolas que alumbraban nuestros besos. Como si quisiéramos comernos en ese mismo instante, como si el tiempo fuera a implosionar.
Silenciosamente, llorar con cada uno de los besos, que vuelvan a caer las lágrimas lentamente por nuestras mejillas, porque podemos no volver a vernos, porque el miedo es cada vez mayor, y la valentía se nos hace poco a poco más pequeña.
Mientras, sólo estamos juntos, y nuestra respiración se acelera. Con los ojos cerrados, ahogándome, entreabrirlos y simplemente verle a él, sólo ver su boca. Sentir su respiración igual de rápida, sentir que le quiero demasiado, que es imposible querer más. Volver a sentir que el tiempo se para para que nosotros nos queramos, para darnos un respiro, para regalarnos a nosotros mismos vida.
Volver a reirnos juntos, para que el mundo nos escuche, con todas nuestras ganas. Decir te quiero mientras estamos enfadados, porque de la rabia que tenemos necesitamos recordarnos que nos queremos, y en el momento en el que más nos odiamos, gritarnos. Algo así como gritarnos un te amo, muy claro. Lleno de rabia.
Cuando besábamos a otros, por cobardes. Y buscarnos cada noche para pedir perdón, volvernos locos porque ambos sabemos que esto es una tonteria. Pero eso, nos daba igual. No queríamos admitir lo que sentíamos, porque la posición cómoda era seguir con nuestras vidas. Pero seguir siendo infelices. Nuestros corazones luchaban por latir más fuerte, por intentar engañar más, por tratar de ser más fuertes.
Pero nos provocábamos un ascenso de la adrenalina con sólo pensar que
estábamos cerca.
Cuando nos gritábamos entre silencios que nos echábamos de menos. Caminar en diferentes direcciones buscando la razón de seguir con esta estupidez, que nos estaba matando.
Sentir de nuevo que nos odiamos por hacernos sentir esas sensaciones, por echarnos de menos cada vez que pasa un puñetero día. Por estar echando tierra sobre nuestras vidas, mintiendo, escondiendo, siendo hiócritas...
Por sentirme una fracasada si no te tengo cerca, por creer que sin tí, el mundo es un simple pasatiempo de felicidad y comodidad. Por no arriesgarnos.
Comernos, como si fueramos el postre más dulce que jamás hubiéramos probado.
Besarte, como si siempre fuera la primera vez.
Cometer los mismos errores, para sentir que contigo jamás voy a aprender a amar sin locura.
Sentir, que ni el propio picasso tras cinco porros, podría expresar lo que sentimos.
Sentir, que mi jodida vida vuelve a depender de tí.
Sentir, que sólo puedo vivir después de oír tu voz a primera hora de la madrugada.

¿Sabes que es lo más jodido? que jamás volveremos a tener eso. Que ahora nuestra comodidad es la que hace que sintamos la necesidad de buscar otras bocas que palien la ausencia de amor.
Nos estamos convirtiendo en lo que fuimos. En lo que creímos que no podría volver a ocurrir.
Hoy, veintiseis de julio de dos mil once, no sé que cojones es lo que quiero. Si seguir con nuestra mentira, volver a hacernos tanto daño como hemos hecho nosotros.




